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ABBA

¿Papá, papito o Padre?
Luis A. Rivera Rosario, Ph. D.
takardia@hotmail.com // luis.rivera90@upr.edu

Consecuencias de un desliz


awCuando usted lee o escucha la palabra “abba”, ¿Qué le viene a la mente? Déjeme adivinar: “papito”. Ahora le pregunto, ¿Dónde lo aprendió? Su mente alzará vuelo y recordará que fue leyendo un libro, en una escuela bíblica, en algún programa radial o televisivo, o quizás en la predicación de su pastor o la homilía de su sacerdote un domingo. Así lo aprendí yo. Y no sólo lo aprendí en algún momento después de septiembre de 1973, sino que, cuando me hice maestro de escuela bíblica y predicador, también lo enseñaba. Pero también aprendimos que la palabra nos refiere a Jesús, de quien se ha dicho que tenía la osadía, o el atrevimiento, o la confianza y suficiente intimidad para expresarse o invocar de esta manera a Dios. De aquí, se ha conjeturado que, dado el respeto sagrado que los judíos le guardaban a Dios, se consideraba, como mínimo, una falta de respeto que Jesús invocara a Dios en términos de “papá” o “papito”, y era causa para que los líderes religiosos lo odiaran.

Ese significado que se le adscribió al término tiene más de sesenta años de romance con el cristianismo. Desde su concepción recibió aceptación en la academia, y de ahí, se difundió rápidamente por doquier. Es una idea extremadamente simpática que nos hace crear una imagen de Jesús en una relación íntima, como la de un infante hacia sus padres, y nos abre la posibilidad de disfrutar con Dios, nuestro Padre, una relación similar, aunque no igual, en la que también podemos dirigirnos a él como “papá” o “ papito”.

Yo no pretendo dictar cómo dirigirnos a Dios en oración o adoración, cada cual tiene su forma de comunicase con Dios. Sea católico o protestante, su relación con él es muy individual y privada, y usted decide con qué palabras y en qué forma se comunica. Pero el hecho es que ese significado fue desmentido hace casi treinta años. Veamos.

A mediados del siglo XX, el mundo académico se privilegiaba con la presencia de un judío-alemán llamado Joachim Jeremías. Jeremías fue un erudito de alto calibre que sentó pautas en la interpretación del Nuevo Testamento. Fue especialmente conocido por su aportación sobre las parábolas, además del judaísmo del primer siglo, su historia, costumbres y literatura. Fue este famoso erudito quien originó la idea de “abba” en su acepción de “papito”. Publicó un artículo donde, luego de investigaciones en la literatura judía, afirmó que la expresión “abba” era un vocativo raro que se derivaba del balbuceo de los bebés, y sugirió con esto que era un término íntimo, diferente al sonido mas formal de “padre”. La idea que transmite es que Jesús, sus discípulos y los primeros miembros de la comunicad cristiana, hablaban con Dios como un niño habla con su padre, con la idea extendida de que nosotros deberíamos hacer lo mismo. Se podrán imaginar el impacto que tuvo esta idea.

Al poco tiempo, de la misma manera que se aceptó y se diseminó la idea, también vino el rechazo de miembros importantes del mundo académico. Una de las primeras figuras de alto relieve fue Georg Schelbert, egresado del Instituto Bíblico Pontificio, en el 1953, especialista en arameo y profesor de la Universidad de Fribourg. Schelbert publicó una ensayo en el 1981, donde criticó la afirmación de Jeremías, aduciendo que su interpretación era un error y no tenía justificación. Otro especialista de gran respeto en el mundo académico es Geza Vermes, especialista del judaísmo del primer siglo y del Jesús histórico. Vermes toca el tema en tres de sus libros[1], donde trata la teoría de Jeremías como improbable e incongruente, y que no tiene apoyo lingüístico. Pero el puntillazo final lo da el famoso lingüista de Oxford, James Barr. El artículo “Abba Isn’t Daddy”, publicado en el “Journal of Theological Studies”, en el 1988, se convirtió en el ensayo emblemático que destruyó la teoría de Joachim Jeremías.

¿Cuál fue el resultado de esta ofensiva? Que el mismo Joachim Jeremías reconoció su error. Rectificó su hipótesis diciendo que afirmar que “cuando Jesús hablaba con su Padre celestial, no hacía más que recoger sencillamente las palabras que balbuceaban los niños” era “minimizar la cuestión de forma inadmisible”.[2] En otro escrito dijo que tal explicación constituía un “caso de ingenuidad inadmisible”. Esto bastaría para finiquitar el asunto, pero es necesario que revisemos los argumentos que obligaron a Jeremías a retractarse de ese “desliz” académico.

Abba (padre) e Imma (madre) son palabras arameas, pero también pueden ser hebreas. Los idiomas hebreo y arameo poseen gran cercanía lingüística. Prácticamente en todas las partes de la gramática (fonética, morfología y sintaxis) existen semejanzas en ambos idiomas. Siempre ha habido una disputa académica sobre el lenguaje hablado por los judíos en los días de Jesús. Hay autores que postulan que fue el hebreo, pero el consenso alcanzado por la mayoría es que fue el arameo. Así, Jesús y sus discípulos usaron el arameo como su lenguaje cotidiano. El Nuevo Testamento fue escrito en griego, y encontramos algunas palabras arameas transliteradas al griego. Una de esas palabras es “abba”. Aparece sólo tres veces en el Nuevo Testamento: Marcos 14,36; Romanos 8,15; Gálatas 4,6. 

En cada caso es usada como una forma de invocar a Dios en oración. El hecho de que Marcos use en su evangelio varias palabras arameas sin traducir, sino solo transliteradas, podría ser un indicio de la importancia que tenía la palabra “abba” en la antigua comunidad cristiana y puede remitirnos al mismo Jesús que caminó por los senderos polvorientos de Galilea. También el hecho de que Pablo use la palabra es quizás indicativo de que ya en los 50’ las iglesias la tenían en gran estima.

Veamos algunas razones para el rechazo del significado “papa” o “papito”.
  • No hay indicios, en ningún rincón de la literatura judía, que lleven a la idea de que “abba” procede del balbuceo de los niños.
  • Aunque sí “abba” podía ser usada por niños hacia sus padres, no se origina onomatopéyicamente ni era exclusiva del uso de infantes, sino que era la palabra normal que usaban los hijos hacia sus padres aún en la edad adulta. En otras palabras, un hijo adulto o hija, se dirigiría a su padre como “abba”. No era un término particularmente íntimo ni estaba confinado a los niños. También se usaba como una marca de respeto para los ancianos y los maestros, además de su uso en lenguaje solemne y religioso.[3]
  • Una observación importante es que las tres veces que se usa “abba” en el Nuevo Testamento (Mr.14,36; Ro. 8,15; Gál. 4,6), los autores hacen una traducción al griego con la palabra πατήρ (patër, padre), o sea, “abba” es transliterada y para que la audiencia comprenda lo que significa, se acompaña con la palabra normal griega que significa padre. Pero además, las tres veces que se usa πατήρ (patër, padre), va precedida por el artículo ὁ (ho, el). Y esa no era la forma normal de un griego dirigirse a su padre, pero su uso aquí podría hablarnos de la seriedad y formalidad del concepto “abba”.
                        Marcos 14,36:  Αββα ὁ πατήρ
                                                    Abba el Padre
                        Romanos 8,15: Αββα ὁ πατήρ
                                                     Abba el Padre
                        Gálatas     4,6:  Αββα ὁ πατήρ
                                                     Abba el Padre
Esto nos lleva al siguiente punto.
  • πατήρ (patër, padre) no es la palabra griega para “papa” o “papito”. Los griegos tenían una palabra específica para expresar esa idea: πάπας/πάππας (papas/pappas). Los autores no eran ignorantes. Pablo era un conocedor de la lengua, y el evangelio de Marcos, aunque no es un griego fluido y depurado, delata un uso del idioma aceptable. Sin embargo, esta no es la palabra que usa el Nuevo Testamento para traducir “abba”. Si los autores hubieran tenido la intención de que “abba” significara “papa’ o “papito”, de seguro hubieran usado el diminutivo para expresar esa idea. Pero no fue así, sino que usaron el término formal griego para “padre”.
Pues bien, si “abba” no pertenece al círculo de las onomatopeyas[4], o sea, si no se origina en el balbuceo de los infantes, ni es de exclusividad infantil, entonces, qué significa “abba”? Pues “abba” es la palabra y única palabra en arameo que usaban los judíos para decir padre. En vocativo lleva la idea de “querido padre” o “mi querido padre”. Implica calidez, confianza, intimidad, y también profunda reverencia. Nos dice que podemos tener intimidad con nuestro Padre, y también salvaguarda su dignidad. Abba reviste seriedad, formalidad y solemnidad, pero no es impedimento para penetrar a esa íntima y maravillosa relación con Dios.

Finalmente, sobre la base de lo discutido podemos afirmar con buenas razones, que “abba” nos remite a Jesús; que Jesús acostumbraba usar la palabra en sus oraciones privadas, y que lo hacía con reconocimiento, respeto, formalidad y solemnidad, pero también con profunda espiritualidad, intimidad, confianza y entrega. Lo que no debemos aceptar es que el uso que hizo Jesús de la palabra lo hiciera particularmente distinto. La enseñanza de que Jesús se comunicaba con Dios como lo hacia un infante con su padre, y que esa intimidad lo colocaba en una posición como ningún otro antes, durante y después de su vida, no procede, es equivocada. Que Jesús tenía una relación estrecha con Dios lo podemos estipular, pero que esa relación se demostraba por el uso de “abba” como “papa” o “papito” es inaceptable.

Hace más de sesenta años que se usa “abba’ de esa manera y tenemos que reconocer que así seguirá por mucho, mucho tiempo. Si usted quiere comunicarse con Dios en oración y quiere invocarlo diciendo papá, papito, etc., es su derecho, es su intimidad, es su relación con Dios, eso nadie se lo puede impedir, nadie se lo puede cambiar; pero si tiene el privilegio de comunicar, hay una responsabilidad intelectual, y sería bueno ir a las fuentes, verificar, comparar, tomar nota y hacer y enseñar lo correcto.


Bibliografía

Freedman, David Noel, ed. The Anchor Bible Dictionary, v.1. New York: Doubleday, 1992.
Neusner, Jacob y Scott Green, William, eds. Dictionary of Judaism in the Biblical Period. Peabody: Hendrickson Publishers, Inc., 2002.
Vangemeren, Willem A., ed. Dictionary of Old Testament Theology & Exegesis. v.1. Grand Rapids: Zondervan, 1997.
Vermes, Geza. Christian Beginnings: From Nazareth to Nicaea, AD 30-325. New York: Penguin Compass, 2013.
Vermes, Geza. Jesus and the World of Judaism. Philadelphia: Fortress Press, 1983.
Vermes, Geza. The Changing Faces of Jesus. New York: Penguin Compass, 2000.
[1] Geza Vermes. Jesus and the World of Judaism. (Philadelphia: Fortress Press, 1984), 40-42; The Changing faces of Jesus. (New York: Penguin Books, 2000), 197, 214, 235; Christian Beginnings (New York: Penguin Books, 2012), 47-48, 111, 112.
[2] Joachim Jeremias. Abba y el mensaje central del Nuevo Testamento. (Salamanca: Sígueme, 1981), 70.
[3] Geza Vermes. Christian Beginnings. (New York: Penguin Books, 2012), 47-48.
[4] Formación de una palabra por imitación del sonido de aquello que designa (RAE).

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