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¿ODIAR O AMAR MENOS?


Luis A. Rivera Rosario, Ph. D.


Mateo 10: 37-38/Lucas 14: 26-27 = Q 14:26-27//E. Tomás 55: 1; 101: 1-2

aw  En este artículo consideraremos un versículo en el evangelio sinóptico de Lucas, con su paralelo en Mateo, que ha dejado perplejos a muchos por su dureza en la expresión. Ha sido problema para cristianos, en mayor o menor grado, independientemente de su procedencia eclesial o confesión de fe. Algunos comentaristas se las han ingeniado con algunas interpretaciones que no son convincentes y no muestran una exégesis saludable. Este artículo no es de línea pastoral, ni espiritual o de vivencias espirituales, como tampoco de índole psicológico, sino una exégesis con rigor académico, a los efectos de ofrecer una alternativa interpretativa del pasaje en cuestión.
Veamos los versículos de referencia para tener el marco escritural en vista.


Lucas 14:26-27 (RVR 60)

26 Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. 27 Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.

SBLGNT
26 Εἴ τις ἔρχεται πρός με καὶ οὐ μισεῖ τὸν πατέρα ἑαυτοῦ καὶ τὴν μητέρα καὶ τὴν γυναῖκα καὶ τὰ τέκνα καὶ τοὺς ἀδελφοὺς καὶ τὰς ἀδελφάς, ἔτι τε καὶ τὴν ψυχὴν ἑαυτοῦ, οὐ δύναται εἶναί μου μαθητής. 27 ὅστις οὐ βαστάζει τὸν σταυρὸν ἑαυτοῦ καὶ ἔρχεται ὀπίσω μου, οὐ δύναται εἶναί μου μαθητής.

Mateo 10:37-38 (RVR 60)
37 El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí;
38 y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí.


En términos generales, los cristianos no pueden creer que Jesús haya expresado tal cosa como odiar a padre, madre, parientes y aun así mismo. Es inconcebible, en palabras de John T. Carroll y James R. Carroll,[1] esto es chocante en sí mismo y va en contra de la sabiduría recibida de toda cultura humana. Jesús parece estar articulando contra las Escrituras hebreas y, por lo tanto, contra el orden de Dios, porque el mandamiento de honrar a los padres era una pieza central de la ley de Moisés (Éxodo 20: 12; Deut. 5: 16). Además, Jesús parece estar contradiciéndose a sí mismo, porque él mantiene el mandamiento de honrar a los padres como un ejemplo de vida de obediencia necesaria para heredar la vida eterna (Marcos 10: 19; Mateo 19: 19/Lucas 18: 20). Estos autores se hacen dos preguntas: ¿Vamos a amar o a odiar a nuestros padres? ¿Vamos a acatar las palabras de uno que, por un lado, nos lleva a amar nuestros enemigos y, por otro, odiar a nuestros padres y madres? De aquí, que ellos concluyan que, el entendimiento de este verso debe verse o interpretarse a la luz del verso paralelo de Mateo, por lo que el sentido correcto de "odiar" equivale a "amar menos". Walter C. Kaiser, Jr.,[2] afirma que odiar en este dicho significa "amar menos," como es mostrado por el dicho paralelo en Mateo.

Esta es la interpretación más generalizada en los círculos eclesiásticos. Un renombrado autor conservador, Craig S. Keener, nos informa que "odiar" podía funcionar como una forma hiperbólica y semítica de decir "amar menos", usando como ejemplo Mateo 10: 37, pero al mismo tiempo reconoce que "este punto apenas minimiza la ofensa del dicho en una sociedad donde el honor de los padres era considerado, virtualmente, la obligación más alta y la familia era usualmente el gozo más grande".[3] R. Alan Culpepper, en The New Interpreter's Bible, reconoce que "porque la ética de amor de Jesús hace impensable que uno debería odiar a su propia familia, este versículo siempre ha sido un dicho difícil".[4]

Al tener en cuenta estas consideraciones, se ha tomado como mejor entendimiento, el que dice que Lucas 14: 26 debe entenderse a la luz de su paralelo en Mateo 10: 37, en el sentido de "amar menos". No sé cuántos de los que alcancen a leer este artículo, sean líderes, maestros o profesores de Biblia, han enseñado de esta manera tradicionalmente, pero les serviría para refrescar y, quizás, reevaluar sus bases exegéticas de interpretar este dicho.  ¿Qué podemos decir a esto? ¿Es buena exégesis? ¿Se justifica crítica, contextual y semánticamente el sentido o la traducción de "odiar" como "amar menos"? Veamos.

Ciertamente, el dicho es muy severo. La ofensa que provoca entre los creyentes y las interpretaciones ofrecidas para minimizar el impacto del dicho en la boca de Jesús se debe, en parte, a la enseñanza enraizada de que la Biblia es la palabra de Dios. Sin querer reducir ese hecho, cada creyente debe ser responsable de pensar en lo que cree, y una de esas reflexiones debería ser en qué sentido la Biblia es la palabra de Dios. Si pensamos de esto como un nudillo de donde se desprenden varios hilos, uno de ellos es el concepto de inspiración y el otro el de la inerrancia, a través de los cuales, las ideas generalizadas son que la Biblia no se equivoca, no comete errores, no falla, y todo es cuestión de armonización.

Otra concepción cuasi universal en el cristianismo práctico es la creencia en que, en los Evangelios, Jesús es un ser divino que, para todos los efectos, no pisaba la tierra. Era un ser divino, santo, perfecto; era Dios sobre la tierra. Jesús, en su paso por la tierra, era a la vez divino y humano. A veces actuaba como hombre y otras como ser divino porque, en su ministerio, ya poseía una doble naturaleza y podía usar una o la otra según su criterio. Esta forma de pensar se debe, en parte, al evangelio de Juan, al asumir una cristología tan elevada, y a la Iglesia en la concreción de sus dogmas. En esta mentalidad no cabe el Jesús histórico, y si cabe, se entrelaza en una contradicción, a la que no se le da pensamiento adecuado. El Jesús histórico es un constructo académico, y muchos que apelan a él en su vocabulario, realmente no saben de qué se trata. Creer en el Jesús histórico como disciplina académica, obliga a replantearse todos los conocimientos tradicionales.

Bien, la interpretación del verbo “odiar” o “aborrecer” en Lucas 14: 26, como “amar menos” es inadecuada. Considero que es una exégesis débil, no representa y debilita la fuerza del dicho en boca de Jesús. Hay quienes apelan a pasajes del AT, como el de Génesis 29: 30-31, para probar que “odiar” tiene el significado de “amar menos”. Esa interpretación es de alguna manera “halada por los pelos”, porque realmente no tiene fundamento. La narrativa de Génesis 29 nos dice que Labán, pariente y eventual suegro de Jacob, tenía dos hijas, Lea (la mayor) y Raquel. Aparentemente Raquel superaba, por mucho, en belleza, a su hermana mayor, y Jacob se enamoró de ella. Ese amor le costó siete años de trabajo en las propiedades de Labán (Jacob amó a Raquel, ver. 18). Al cabo de los siete años, Labán, de alguna manera, engañó a Jacob, y le entregó a Lea. Tuvo que trabajar siete años más para poder poseer a Raquel.

El hecho de que el versículo 30 diga que “… la amó también más que a Lea”, no determina que signifique “amar menos”. Más bien, el uso del verbo hebreo שָׂנֵא (sane) y su equivalente griego en la Septuaginta en el versículo 31, y en este contexto, lleva la idea de “rechazo”. En este punto es importante distinguir que, ninguna Biblia o traducción consultada por este servidor, traduce como “amar menos” o algo parecido. Cinco versiones traducen “menospreciada”;[5] dos traducen “aborrecida”;[6] seis traducen “no era amada”;[7] y una traduce “no amaba a Lea”.[8] Las versiones bíblicas no reconocen la idea de “amar menos”, y el contexto de la narrativa tampoco.

La mejor manera de sacar el mayor beneficio en el entendimiento del pasaje es evaluarlo desde cuatro ángulos importantes: los aspectos críticos, análisis del verbo, uso en el NT y una consideración contextual, en el contexto inmediato y del mensaje de Jesús.


Aspectos críticos

En primer lugar, en cuanto a los aspectos críticos, a todas luces estamos frente a un inequívoco dicho Q. De las dos versiones (Mateo/Lucas), la de Lucas se apega más a Q. Con toda seguridad οὐ μισεῖ (no odie) en Lucas es más original que ὁ φιλῶν…ὑπὲρ ἐμὲ (el que ame…más que a mí) de Mateo, porque el primero difícilmente pudo haberse desarrollado del segundo.[9] Para Perrin, otro detalle que marca autenticidad es la viveza de la imaginería, y por la variante en Mateo 10: 37: “… οὐκ ἔστιν μου ἄξιος” (… no es digno de mi). La de Lucas: “… οὐ δύναται εἶναί μου μαθητής (… no puede ser mi discípulo), va hacia un original hebreo.[10] ,

Lucas toma el dicho de Q y retiene su fuerza; en Mateo, el autor, quien agrupa tres dichos que alguna vez circulaban separadamente, toma de Q el comentario acerca de odiar la familia, pero lo suavizó a grados de amor,[11] haciendo el amor de familia subordinado al amor de Jesús. De aquí, muchos que asumen que la Biblia no puede contradecirse, buscan mil y una maneras de armonizar las “aparentes” contradicciones. En este contexto, se interpreta Lucas 14:26 a la luz de Mateo 10:37, pero la realidad es precisamente lo apuesto. Gracias a los descubrimientos exegéticos, sabemos con certeza que Lucas 14: 26-27 es un dicho Q; que el autor de este Evangelio retiene la forma original; que Mateo asume el dicho, pero lo suaviza, eliminando su crudeza, quizás porque resultó ser problemático u ofensivo en las comunidades cristianas.

Pero no solo Lucas retiene el original, sino que el Evangelio de Tomás, con algunas variaciones, también retiene esta forma vigorosa:
  1. Tomás 55: 1: “Dijo Jesús: «Quien no odie a su padre y a su madre, no podrá ser discípulo mío. Y (quien no) odie a sus hermanos y hermanas (y no cargue) con su cruz como yo, no será digno de mí».[12]
  2. Tomás 101: 1-2: “(Dijo Jesús): «El que no aborreció a su padre y a su madre como yo, no podrá ser [discípulo] mío; y quien [no] amó [a su padre] y a su madre como yo, no podrá ser [discípulo] mío; pues mi madre, la que [...], pero [mi madre] de verdad me ha dado la vida».[13]
Considerando que la versión de Lucas es la original y las palabras con relación al odio hacia los padres fueron las palabras pronunciadas por Jesús, ¿Cómo hemos de entender sus duras palabras, ciertamente comprometedoras de la imagen que se iba desarrollando de Jesús, como el Cristo e Hijo de Dios?  John Nolland, nos llama la atención al hecho de que, las Escrituras hebreas, muestran que el lenguaje de “odiar” es típica hipérbole semítica. Como ejemplo, se pueden consultar los siguientes pasajes: Deut. 21: 15-17; 2 Samuel 19: 6; Proverbios 13: 24; Malaquías 1: 2-3. Que el lenguaje del odio está proyectado con toda seriedad en la Biblia, solo refiérase al Salmo 139: 21-22.[14]

Entonces, podemos comenzar un entendimiento reconociendo que el dicho es una hipérbole típica del lenguaje, y que Jesús hizo uso de la misma, con toda su fuerza y crudeza, para llevar un claro mensaje, un mensaje urgente. Ahora penetremos en la semántica, un análisis del verbo griego μισέω (miséö).


Análisis del verbo

Hoy en día se entiende el verbo “odiar” como una emoción reactiva frente a una persona o una vivencia que hiere o amenaza; una emoción que surge del miedo, de las situaciones frustrantes, de la envidia, de la impotencia. Es una característica íntima del ser humano, que se manifiesta en una decidida hostilidad acompañada de rechazo, repugnancia y en ocasiones, deseo de causar daño; es una intensa aversión u hostilidad activa que es expresada a una persona o cosa.[15] Esos significados son uniformes y universales en la historia semántica del verbo μισέω (miséö), desde la literatura clásica, helenística, incluyendo la literatura hebrea y el NT. La Biblia, especialmente el AT, no se escapa de la crudeza del significado de la palabra porque, donde hay historias de pueblos y naciones, narrativas, mitos, leyendas y cuentos, proverbios, y donde el ser humano es protagonista, se despliegan las más bajas pasiones inherentes a éste. El odio es uno de los protagonistas que hiere, desmorona y asesina. Por el odio se destruye un ser humano, se destruye una familia, se destruye un pueblo y se destruye una nación.

Ahora, las palabras no tienen un significado monolítico. Generalmente tienen un significado primario o etimológico o preponderante, y varios matices o sentidos secundarios que pueden ser más importantes que el significado primario, porque la mente del autor se impone cuando escribe. Es tarea del exégeta tratar de sacar esos matices de la mente del autor. El término griego μισέω (miséö), como usado en el NT, refleja una variedad de rangos semánticos que deben ser evaluados en su propio contexto.[16] Lo mismo ocurre en el AT, pero no es tarea para este artículo.

Veremos pues que, μισέω (miséö) en el NT, no solo describe esa aversión y hostilidad persistente que destruye y autodestruye, sino que adquiere otros matices en ciertos contextos. Ya vimos que en el griego clásico μισέω (miséö) tenía un persistente componente ético y llevaba la idea de renunciación. En el AT, también vemos el concepto de odio o aborrecimiento éticamente como renunciación al pecado y a la adoración idolátrica. En la narrativa de Genesis 29, el odio tiene un matiz de rechazo. Malaquías 1: 2-3, coloca a Jehová diciendo “… amé a Jacob y a Esaú aborrecí”. Claramente la connotación es de rechazo como un acto volitivo no emocional. El odio encierra un fuerte sentimiento y también puede ser el resultado de la voluntad. No debemos entender a Dios actuando en el plano humano de furia y hostilidad que provienen de las bajas pasiones. Aquí lo que resalta es la selectividad divina, un acto de voluntad de un Dios soberano. Dios, como un acto de su voluntad, rechazó a Esaú. Creo que con estos matices empezamos a ver luz en el camino.

La trayectoria del verbo μισέω (miséö) se verifica desde el griego clásico con Homero, especialmente en la Ilíada, y con relación a Zeus, hasta el griego helenístico con ocurrencias en inscripciones y papiros. Esta trayectoria incluye el uso de μισέω (miséö) en la Septuaginta, donde traduce el hebreo שָׂנֵא (sane), que significa uniformemente “odiar”, en el judaísmo palestino y en Filón de Alejandría. No podemos entrar a considerar esta trayectoria por lo extenso que resultaría. La gama de aplicaciones de la palabra es más o menos similar: amor y odio, el odio de Dios o los dioses hacia los hombres, hacia la maldad o el pecado, odios de los hombres hacia Dios o los dioses, odio entre los hombres unos a otros, etc., con la diferencia que, a partir del AT, estamos tratando con la teología hebrea sobre Yahweh y, eventualmente, con la teología del Dios de los cristianos. Además, la respuesta a nuestra interrogante no se encuentra en el AT, aunque nos empieza a dar alguna luz, sino en el NT, especialmente en los Sinópticos y en la proclamación de Jesús. En toda la literatura que acabamos de mencionar, hay un persistente imperativo ético. Se presenta el odio como una renunciación. El odio es un impulso humano que puede y debería ser trascendido y vencido.[17] Algo que nos puede dar luz en nuestra búsqueda es que el verbo μισέω encierra las ideas de alejamiento o separación, rechazo y renunciación. Con esto en mente, podemos pasar a considerar el NT.


Uso en el NT

En el NT solo aparece el verbo μισέω (miséö) no el sustantivo μισος (misos). Se registra 40 veces con la siguiente distribución:

Mateo                                     5
Marcos                                    1
Lucas                                      7
Juan                                        12
Romanos                                2
Efesios                                    1
Tito                                         1
Hebreos                                 1
1 Juan                                     5
Judas                                      1
Apocalipsis                           4
Nuestro contexto inmediato es Lucas mismo. Lo primero que vamos a ver es cómo Lucas usa el término. De los siete casos, dejamos fuera 14: 26, porque es nuestro punto de análisis y consideramos los seis restantes.


En Lucas

En 1: 71, Zacarías, anciano sacerdote que, en sus funciones sacerdotales, recibió la visita de un ángel para anunciarle que su anciana esposa concebiría y daría a luz un niño, al que llamarían Juan. Zacarías quedaría mudo hasta que se cumpliese la promesa del ángel. Llegado el tiempo, Elizabeth dio a luz a Juan. Zacarías abrió su boca y comenzó a hablar, profiriendo una profecía registrada en Lucas, en los versículos 68-79. Zacarías habla del anuncio de los profetas de la emergencia de un poderoso Salvador de la casa de David que traería “…  salvación de nuestros enemigos, y de la mano de todos los que nos aborrecieron (τῶν μισούντων ἡμᾶς)” (ver. 71). Es claro que μισέω (miséö) aquí describe lo que llamaremos un odio activo. Ese sentimiento de aversión y hostilidad que desemboca en desenfreno.

En 6: 22, 27, tenemos la versión de Lucas del Sermón del Monte de Mateo. Las expresiones “Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrezcan (μισήσωσιν ὑμᾶς, ver. 22), y “… haced bien a los que os aborrecen (ιοῦσιν ὑμᾶς, ver. 27), describen también ese odio activo, pero en el versículo 22, implica rechazo y alejamiento.

En 16: 13, tenemos el contraste de amor/odio que abordaremos más adelante. La expresión “Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno (τὸν ἕνα μισήσει) y amará al otro…”, lleva más la idea de rechazo. El paralelo siguiente “… o estimará al uno y menospreciará (καταφρονέω) al otro”, apoya mejor el sentido de rechazo.

En 19: 14, estamos ubicados en la parábola de las minas, que forma parte del material exclusivo de Lucas (L). Un hombre noble tiene que salir a heredar un reino y convoca a diez de sus siervos, les entregó diez minas a cada uno para que invirtieran y produjeran ganancias en su regreso. El versículo 14 dice “Pero sus conciudadanos le aborrecían (ἐμίσουν αὐτόν), y enviaron tras él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros”. Notemos que se describe un odio activo, pero matizado por el rechazo, la negativa a que reine sobre ellos.

En 21: 17, nos encontramos en un contexto apocalíptico, donde “y seréis aborrecidos (ἔσεσθε μισούμενοι) de todos por causa de mi nombre”, describe el odio activo de las bajas pasiones humanas.

Recapitulando en forma breve el uso de μισέω (miséö) en Lucas, tenemos que decir que mantiene su significado de odio como sentimiento de menosprecio, aversión y hostilidad, pero en algunos contextos subyace la noción de rechazo y alejamiento.


En el resto del NT

El NT retiene un uso característico del AT y el pensamiento hebreo. H. L. Drumwright, sostiene que la clave para entender nuestro texto bajo investigación y otros relacionados, es conociendo y entendiendo las formas de pensamiento semita.[18] La mente semítica pensaba en términos de contrate de extremos, tales como luz y oscuridad, verdad y falsedad y amor y odio.[19] Ejemplos de esto en el NT son: Mateo 5: 43; 6:24; Lucas 16: 13; Juan 12: 25; Romanos 9: 13; Hebreos 1: 9; 1 Juan 2: 9, 11; 4: 20. El uso semítico de los extremos de amor/odio en el NT, no requiere que se interprete el odio como uno activo, hostil y peligroso. De hecho, lleva más el sentido de rechazo.

Hay lugares en los que μισέω (miséö) tiene el significado concreto de odio, aversión y hostilidad, especialmente en contextos apocalípticos y tiempos de persecución, como por ejemplo Mateo 10: 22; 24: 9, 10; Marcos 13: 13; Juan 7:7; Apocalipsis 17: 16; 18:2.

Hay otros lugares donde se describe un odio activo, pero subyace un rechazo implícito, y también donde μισέω (miséö) es mejor entendido como rechazo, y de aquí, alejamiento o separación, Juan 3: 20; 15: 18, 19, 23, 24, 25; 17: 14; Romanos 7: 15; Efesios 5: 29; Tito 3:3; 1 Juan 2: 9, 11; 3: 13; 4: 20; Judas 1: 23; Apocalipsis 2: 6.


El contexto de Lucas: la proclamación de Jesús

Con este apartado completamos el cuadro donde veremos mejor cómo entender el dicho de Jesús. Desde que empezó la primera búsqueda del Jesús histórico, inicios que Albert Schweitzer atribuyó a H. S. Reimarus, en el siglo XVIII,[20] los estudios han hecho énfasis en ubicar a Jesús en el contexto cultural del primer siglo, especialmente el contexto escatológico. Desde Schweitzer,[21] la afirmación que ha predominado es la de Jesús como un profeta apocalíptico. Durante el siglo XX, hasta nuestros días, se han propuesto diversas imágenes de la naturaleza del ministerio de Jesús, como un rabí, exorcista, maestro cínico, revolucionario, zelote, entre otras, pero la imagen que ha persistido, y de mayor apoyo, es en contexto apocalíptico.[22]

De los descubrimientos exegéticos que se han hecho, el que incide particularmente en el entendimiento del ministerio de Jesús, es el que conocemos como Fuente Q. Ya hoy en día se le identifica como el Evangelio de Dichos Q.[23] El hecho de que Marcos sea el primer evangelio y que Mateo y Lucas lo usan como material para la composición de los suyos; el hecho de que Mateo y Lucas utilizan otra fuente común a parte de Marcos, la que se ha denominado Q; y el hecho de que Mateo y Lucas tienen un material exclusivo proveniente de otra u otras fuentes, representado en Mateo como material (M), y en Lucas como material (L), ha hecho un enorme aporte identificando a Jesús como un apocalíptico.

Todos estos materiales sacan a la luz, de manera diáfana, que Jesús tenía un mensaje que se caracterizaba como una escatología apocalíptica, y su proclamación era la inminencia del reino de Dios. Jesús heredó parte de su pensamiento y la urgencia de su mensaje de su maestro, Juan el Bautista. Ambos vivieron dentro del mundo del judaísmo del primer siglo, donde se produjeron las mayores obras apocalípticas, como 1 Enoc, 2 Baruc y 4 Baruc.[24] Jesús imaginó el reino de Dios como rompiendo en el presente, por lo que su tarea primaria era preparar a la gente para ese Día de Dios, el Gobierno de Dios. Marcos resumió, en su propio lenguaje, el mensaje central de Jesús. No fue hasta que su maestro, Juan el Bautista cayó en prisión, que Jesús dio inicio a su ministerio en Galilea, predicando el evangelio del reino de Dios. «El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado. ¡Arrepentíos y creed en el evangelio!»[25] El mensaje auténtico de Jesús fue fundamentalmente escatológico y, de hecho, sus parábolas y enseñanzas, y la oración que enseñó a sus discípulos, contienen la perspectiva de que el tiempo presente está impregnado con el poder del fin del tiempo.[26]

Para Jesús, el reino de Dios ya se estaba manifestando en su ministerio y se concretaría con la llegada del Hijo del Hombre. Al igual que Juan, Jesús se lanzó a un ministerio fogoso, vibrante, audaz y con carácter de urgencia para preparar a la gente para la inminencia de la instauración del Reino. Lucas 14: 26, es un dicho auténtico que ilustra en forma vívida el requerimiento de obediencia como parte de la fe al reto de Jesús y su proclamación. Jesús reta y requiere respuesta; se trata de confianza absoluta y completa obediencia.

Por otro lado, Robert W. Funk, nos brinda un dato interesante e iluminador en este contexto. Muy diferente a nuestras sociedades modernas, en las sociedades mediterráneas la lealtad suprema de una persona era su familia de sangre, especialmente los padres. Si alguien fracasaba al deber inalienable de honrar a los padres, significaba la pérdida del prestigio y del honor, y llevaba al ostracismo. Los individuos no tenían una existencia real a parte de sus lazos sanguíneos, especialmente los padres. El que no pertenezca a una familia, no tenía una existencia real verdadera.[27]

Con este dicho severo, chocante y sorprendente, Jesus lo que hace es confrontar, desde su raíz, las estructuras sociales que gobernaban su sociedad.[28] Lo que está detrás del dicho es la urgencia del mensaje del Reino que está por irrumpir en tierra santa. La proclamación hace un llamado de adhesión al movimiento de Jesús para entrar al redil del Reino próximo a instaurarse. Ese llamado al discipulado no es un llamado a la conversión cristiana y pertenecer a una iglesia, es un llamado regio y urgente a ser parte del movimiento de Jesús para entrar al reino del Padre. Ante semejante llamado, se hace un reclamo de lealtad humana que va por encima de los lazos familiares.

En el mismo dicho encontramos lo que yo creo es una pieza clave que nos permite comprender a qué se refería Jesús cuando profirió esas palabras. El odio sin el cual es imposible ser discípulo de Jesús, no solamente aplica a padres, mujer y hermanos, sino “aun también su propia vida” (ἔτι τε καὶ τὴν ψυχὴν ἑαυτοῦ). Es extremadamente difícil que con odiar (μισέω ‘miséö’), Jesús se esté refiriendo a que uno tiene que sentir aversión, hostilidad y repudio hacia uno mismo; sentirse aborrecible, execrable, porque todo eso y más, está implícito en el vocablo griego. Más bien, lo que quiere decir con “odiarse uno mismo”, es un renunciar o rechazarse a uno mismo en el marco del orden de las prioridades. Es quitar la prioridad de lealtad al egocentrismo y colocarla en el reino de Dios, ya manifestándose en Jesús y próximo a concretarse tangiblemente.

Finalmente, no puedo pasar por alto un aspecto del arameo que incide directamente en nuestra evaluación y aporta un eslabón adicional hacia un entendimiento correcto del dicho de Jesús. Un erudito del arameo, el Dr. Rocco A. Errico, en "Let there Be Light". El Dr. Errico nos dice que en ningún sitio ni en ningún diccionario el verbo "odiar" significa "amar menos" ni "amar un poco menos". El término arameo, "sna" es una palabra enérgica y contundente que significa "odiar" en el sentido de "detestar" y "despreciar". No obstante, "sna" tiene cinco significados principales: “odiar”, “pararse recto”, “apagar una vela o luz”, “una era”,[29] y “colocar al lado”. Por el uso del ultimo significado, vemos lo que Jesús realmente dijo que el que viene a él y no pone a un lado a su padre y madre, etc. Jesús sabía que cualquiera que deseara ser su discípulo podría ser retado por su familia.[30]   

Obviamente, una exégesis sana y precisa nos dice que el sentido que adquiere el odio (μισέω ‘miséö’) en esta línea, es el mismo sentido en las que le anteceden. Por lo tanto, cuando Jesús prorrumpe con las severas palabras de odiar padres, mujer, hijos y aun la propia vida, como condición del discipulado, no habla del odio que producen las pasiones humanas en toda su expresión, sino que la urgencia de la llegada del Reino, y la participación en el mismo, demanda una lealtad y entrega que va por encima de las relaciones filiales, y se cristaliza en el rechazo, renunciación y alejamiento, de todo lo que impida ser partícipe de la inauguración del imperio divino.


Conclusión

Llegados aquí, podemos resumir lo esbozado en este artículo en los siguientes puntos.
  1. Hemos hecho el punto de que, interpretar Lucas 14: 26 a la luz de Mateo 10: 37, e interpretar que “odiar” (μισέω ‘miséö) significa “amar menos”, es incorrecto y no representa una buena exégesis.
  2. En el griego clásico, aparte del significado primario de μισέω (miséö) como “odiar”, con toda su carga negativa, también llevaba un componente ético con la idea de renunciación. Y en el AT nos encontramos a שָׂנֵא (sane) y su correspondiente verbo en la Septuaginta, μισέω (miséö), con los mismos usos, desde el odio como un sentimiento detestable y lleno de hostilidad, hasta un sentido ético expresando renunciación, rechazo y separación. Hay textos donde el rechazo está implícito, y en otros, donde muy bien se podría traducir como “rechazo” o “renunciación” o “alejamiento”.
  3. En el NT, también el vocablo μισέω (miséö) adquiere diferentes matices de significado. Es importante que los textos se analicen en su contexto y en sus propios méritos. Tanto en Lucas como en el resto del NT continua el patrón de uso, desde aversión y hostilidad hasta rechazo y alejamiento.
  4. Hay dos características del mundo semita y, por ende, del pensamiento hebreo, que inciden en nuestro texto. Los conceptos de amor/odio corresponden con los términos de contraste de extremos, cuyo uso no indica necesariamente que Jesús hablaba de un odio hostil y detestable. Además, estamos ante una genuina hipérbole semita, donde lo términos que la definen no se pueden interpretar literalmente, de lo contrario, dejaría de ser hipérbole.
  5. Vimos que el contexto del dicho hay que ubicarlo en el ministerio de Jesús para poder entender por qué él hablaba como hablaba. El mensaje de Jesús era fuerte y urgente. Su proclamación era la inminente llegada del Hijo del Hombre y la instauración del reino de Dios. No había tiempo para dilaciones, vacilaciones y entretenimientos. Era tiempo de preparación, tiempo de hacer discípulos para entrar al Reino. En este contexto es que podemos entender por qué Jesús le dijo a uno que le pidió enterrar a su padre primero, antes de seguirle: “… deja que los muertos entierren a sus muertos, y tú ve, y anuncia el reino de Dios” (Lucas 9: 60); por qué le dijo a otro que le permitiera despedirse de su familia en casa: “… ninguno que, poniendo su mano en el arado, mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios”; y es por eso que le dijo a las multitudes: “ Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14: 26). No había tiempo, era momento que prepararse, y para ser discípulos del Reino, se requería renunciar a todo, aun a los lazos familiares.
  6. El mismo dicho nos provee la manera de entender lo que Jesús quiso decir. Cuando él dice que tenemos que odiar aun nuestra propia vida, se refiere a un renunciarse, separarse, rechazarse a uno mismo por la expectativa del discipulado y participación en el Reino. En ese contexto, seguir a Jesús era colocar las prioridades y las lealtades, no en la relación sanguínea, sino en su proclamación concreta con vistas al Reino.
  7. El consenso académico, desde hace mucho tiempo, es que el idioma arameo fue la lengua que hablaron Jesús y sus discípulos. Al ser este el caso, conocer el significado de una palabra en arameo sería importante para comprender lo que en la superficie no se puede ver. Según lo expuesto, uno de los significados de la palabra "sna" (odiar) es “colocar al lado”. Con este significado podemos decir que Jesús realmente dijo que el que viene a él y no pone a un lado a su padre y madre, etc., no puede ser su discípulo. Esto concuerda perfectamente con el análisis que hemos hecho de la palabra.
Este es el estudio exegético, con los resultados esculpidos con esmero y cuidado. ¿Qué podríamos decir en términos de enseñanza para nuestros días? ¿Qué aplicabilidad espiritual se puede hacer sin vernos obligados a arrancar el dicho de su maravilloso contexto e interpretación precisa? Pues, en realidad, muchas. Digamos, para finiquitar nuestro trabajo, que debemos ser cautelosos dónde ponemos nuestras prioridades, nuestras lealtades. El mundo en el que nos movemos, nuestro propio entorno, constituye nuestra prioridad, y con razón. Debemos lealtad a nosotros mismos, a nuestra familia, nuestro trabajo, a nuestra nación, nuestros gobiernos, y estas lealtades promueven una sociedad saludable en tiempos tan difíciles como los nuestros. Pero hay otras prioridades y una lealtad suprema, una que supera las lealtades humanas, porque éstas llegan a un fin, pero aquella trasciende la realidad humana, es eterna: EL REINO DE DIOS.


Bibliografía

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[1] Cf. John T. Carroll y James R. Carroll, Preaching the Hard Sayings of Jesus (Peabody, MA: Hendrickson Publishers, 1996), 39-49.
[2] Cf. Walter C. Kaiser, Jr., Peter H. Davids, F.F. Bruce y Manfred T. Brauch, Hard Sayings of the Bible (Downers Grove, IL: IVP Academic, 1996), 475-476.
[3] Craig S. Keener, The IVP Bible Background Commentary New Testament (Downers Grove, IL: IVP Academic, 1993), 230.
[4] R. Alan Culpepper, Lucas, vol. IX de The New Interpreter's Bible, ed. Leander E. Keck (Nashville, TN: Abingdon Press, 1995), 292
[5] RV (60), RV (77), RV (95), RVA (2015), RVC.
[6] LBLA, NBLH.
[7] NVD, NVI, BLPA, NTV, BLP, Nueva Versión Internacional.
[8] Palabra de Dios para Todos (PDT).
[9] Cf. Rudolph Bultmann, The History of the Synoptic Tradition (New York: Harper & Row Publishers, 1963), 160-161.
[10] Norman Perrin, Rediscovering the Teaching of Jesus (New York: Harper & Row Publishers, 1976), 141-142.
[11] Cf. Robert W. Funk y Roy W. Hoover, The Five Gospels (San Francisco: HarperSanFrancisco, 1997), 174-175, 353.
[12] Zeba A. Crook, Parallel Gospels (New York: Oxford University Press, 2012), 87.
[13] Ibíd.
[14] Cf. John Nolland, Word Biblical Commentary, vol. 35b, Lucas 9: 21-18:34 (New York: Nelson Reference & Electronic, 1993), 762-763.
[15] https://saberespsi.files.wordpress.com/2016/09/galimberti-umberto-diccionario-de-psicologc3ada.pdf.
[16] G.E. Hasel, Hate; Hatred, vol. 2, E-J, de The International Standard Bible Encyclopedia, gen. ed. Geoffrey W. Bromiley (Grand Rapids, MI; William B. Eerdmans’s Publishing Company, 1982).
[17] Michel, μισέω, vol. IV de Theological Dictionary of the New Testament, ed. Gerhard Kittel (Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1977), 683-694.
[18] H.L. Drumwright, Jr. Hate; Hatred, vol. 3 de Zondervan Pictorial Encyclopedia of the Bible, Gen. ed. Merrill C. Tenney (Grand Rapids: MI: Regency Reference Library, 1976), 46-47.
[19] Ibíd.
[20] Cf. James H. Charlesworth, The Historical Jesus (Nashville, TN: Abingdon Press, 2008); Hershel Shanks, ed. The Search for Jesus: Modern Scholarship Looks at the Gospels (Washington, DC: Biblical Archaeology Society, 1994); N. T. Wright, The Contemporary Quest for Jesus (Minneapolis, MN: Fortress Press, 2002).
[21] Cf. Albert Schweitzer, The Quest of the Historical Jesus (Mineola, NY: Dover Publications, Inc., 2005). La segunda edición inglesa de la obra fue originalmente publicada en 1911.
[22] De toda la literatura disponible, debo destacar dos obras: Dale C. Allison, Jesus of Nazareth, Millenarian Prophet ((Minneapolis, MN: Fortress Press, 1998); Bart D. Ehrman, Jesus: Apocalyptic Prophet of the New Millennium (Oxford: Oxford University Press, 2001).
[23] John Dominic Crossan y Jonathan L. Reed, Excavating Jesus: Beneath the Stones, Behind the Texts (San Francisco: HarperSanFrancisco, 2001).
[24] Cf. James H. Charlesworth, The Historical Jesus, 97.
[25] Marcos 1: 14-15.
[26] Cf. James H. Charlesworth, 104.
[27] Cf. Robert W. Funk y Roy W. Hoover, 174-175. 353.
[28] Ibíd.
[29] RAE: Espacio de tierra limpia y firme, algunas veces empedrado, donde se trillanlas mieses.
[30] Rocco A. Errico, Let There Be Light: The Seven Keys (Smirna, GA: Noohra Foundation Publisher, 2002), 10-12.

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