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TESTIGOS DE JEHOVÁ

ORIGEN Y PRESENCIA EN PUERTO RICO

Una mirada circunspecta

Luis A. Rivera Rosario, Ph. D.

Blog: Tesoros Escondidos: www.luisriverarosario.blogspot.com//www.luisriverarosario.wordpress.com

www.luis.rivera90@upr.edu // takardia@hotmail.com



INTRODUCCIÓN

P


ara hablar de la organización de los Testigos de Jehová, o de cualquier otro movimiento religioso, en términos de su origen, trayectoria y aportación al país, con un sentido de justicia, razonabilidad e imparcialidad, es mejor enmarcarlo en las corrientes del liberalismo religioso que brotan de las consecuencias de la independencia de las naciones de la América colonial. No es nuestra intención escribir sobre esta bien conocida y exitosa organización religiosa desde un punto de vista confesional y mucho menos apologético, sino desde el macro académico del estudio de las religiones del mundo y desde una visión ecuménica. Es de esta manera que podemos medir el recorrido y éxito del movimiento, y apreciar sus virtudes. 

A finales del siglo XV, se marcó un cambio trascendental en la historia del mundo. A partir de los viajes de Colón y los primeros descubrimientos, se abrió el camino de aventuras, descubrimientos, desplazamientos, aplastamientos, fundaciones y el nacimiento de pueblos y naciones en la parte baja del Norte, en Centro y Suramérica y las Antillas, por el férreo brazo de hombres como Juan Cabuto, Álvarez Cabral, Juan Ponce de León, Juan Díaz de Solís, Hernández de Córdova, Juan de Grijalba, Hernán Cortés, Pedro de Alvarado, Francisco Pizarro, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, Antonio de Mendoza, Pedro Valdivia, Francisco d Orellana, Juan de Garay y Diego Lozada, entre muchos otros. En cuestión de menos de cien años de exploración y colonización, a mediados del siglo XVI, ya la dominación española se extendía por todo el Nuevo Mundo, con excepción del extremo Norte, que estaba dominado por los franceses, y del Brasil, que el Tratado de Tordesillas (1494) había otorgado a Portugal. Aunque imperios como Portugal, Gran Bretaña, Francia y Holanda, habían participado activamente en el proceso de colonización, la gran tajada territorial pertenecía a España. En la América española se establecen los cuatro virreinatos, que son los órganos políticos y administrativos, por los que se perfila el desarrollo socio-cultural de los pueblos.[1]

Pero España no vino a América solo con el poder político y militar, sino también con el poder religioso, poder avasallador que trastocó desde sus raíces la religiosidad milenaria de los pueblos nativos. La Iglesia Católica echó raíces y se diseminó por todos los dominios españoles con una sólida organización rigiendo la vida social y espiritual de los pueblos, y hasta la vida política de los gobiernos. Así, la religión cultural y oficial de las colonias era el catolicismo. 

En unos trescientos años aproximadamente, nos encontramos con naciones bien desarrolladas en lo económico, político, social y religioso. A principios del siglo XIX, España disponía del mayor imperio colonial entre todas las potencias europeas. Pero todas estas colonias y pueblos se convirtieron en naciones con sus propias características, circunstancias, costumbres y aspiraciones. Esto condujo hacia un fuerte crecimiento de un sentimiento nacionalista e independentista entre las élites económicas y una paralización de las estructuras de gobierno de la metrópolis que no respondían a los requerimientos de un cambio institucional o de estatus. 

Los historiadores dividen la guerra de la independencia en dos etapas: 1808-1814 y 1814-1824. En la primera etapa logran declarar la independencia algunas zonas como Venezuela, Paraguay, la Provincia de la Plata, Chile, Nueva Granada y México. Pero, por diversas razones, no se considera una etapa de triunfo. En el 1814, Fernando VII respondió con un ejército de 10,000 hombres y restableció el orden. Solo Paraguay y la Provincia de la Plata resistieron y permanecieron libres. Pero el movimiento de independencia no tardó en rebrotar, y en esta segunda etapa, es que se logra la independencia de las colonias americanas, ya que las circunstancias cambiaron y se dieron los elementos propicios. 

La independencia de las colonias americanas marcó el fin del monopolio católico y la apertura a la diversidad religiosa. Aunque antes de la independencia el catolicismo no estaba solo, porque persistía la religiosidad nativa, africana y, eventualmente, un sincretismo religioso, es ahora cuando se abren las puertas a la diversidad. La proclamación del Edicto de Tolerancia Religiosa y el ala liberal que tomó posturas anticlericales, entre otros factores, permitieron la entrada de grupos protestantes. Fueron muchas las iglesias protestantes que penetraron en las nuevas naciones,[2] como Bautistas, Metodistas, Luteranos, Presbiterianos, Discípulos de Cristo, Pentecostalismo, Adventismo, los Mormones y los Testigos de Jehová, entre otros movimientos. La penetración y el éxito de estos movimientos religiosos iba a depender de las raíces del catolicismo de los pueblos. Muchos pueblos permanecieron esencialmente católicos, y así ha sido hasta el presente. Estados Unidos jugó un papel importante en la vida de la nueva América, y muchos de los movimientos religiosos que se fundaron en el Norte, en el espíritu de “ensanchar sus estacas”, se establecieron en las nuevas naciones. 

Entre los países destacados que fueron blanco del ímpetu misionero se encuentran México, Guatemala, Belice, Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Chile, Argentina, Brasil. En el Caribe, tenemos a Anguila, Antigua, Guadalupe, Barbados, Dominica, Granada, Martinica, Islas Vírgenes Británicas y de Estados Unidos, Islas Caimán, Cuba, República Dominicana y Puerto Rico. 

En Puerto Rico, el catolicismo romano era la religión oficial hasta el 1898. A raíz de la Guerra Hispanoamericana y la invasión de Puerto Rico, empezaron a llegar las iglesias protestantes, como las iglesias Presbiteriana, Bautista americana, Congregacional y Metodista episcopal. A partir de aquí, fueron muchas las confesiones de fe que hicieron nicho en Puerto Rico. Hoy en día, hay una variedad inmensa de religiones, desde iglesias conservadoras, tradicionales, fundamentalistas, pentecostales, sectas, religiones orientales, africanas, sincretismos, espiritismo, santería, y hasta sectas de adoración a Satanás. Una de las sectas que llegó a Puerto Rico a principios del siglo XX, y se ha desarrollado con éxito hasta nuestros días, es la de los Testigos de Jehová.[3]


LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ


Origen

Este movimiento nace en los Estados Unidos. Su fundador fue Charles Taze Russell. Russell nació en Allegheny, Pennsylvania, en el año 1852. Él y su padre eran prósperos dueños de varias tiendas de ropa. Hasta su juventud fue criado en una Iglesia Presbiteriana, pero luego se hizo miembro de una Iglesia Congregacional, y también de la Young Men’s Christian Association. No tenía una educación formal alta, pero era de mente inquisitiva. Russell le puso un gran interés a la doctrina de la Segunda Venida de Cristo. En su opinión las iglesias tradicionales o clásicas no le daban la debida atención a esta doctrina. 

Se dice que un día, por casualidad, entró en un humilde salón adventista y oyó que predicaban sobre el tema de la Segunda Venida de Cristo. Quedó impresionado por esa doctrina y empezó a estudiar la Biblia, especialmente los libros considerados proféticos para la época, sobre todo Daniel y Apocalipsis. El resultado fue la formación de un sistema profético que él llamó “El Plan Divino de las Edades”. Russell no estaba de acuerdo con las doctrinas, tanto del protestantismo como del catolicismo. Le molestaba en particular la doctrina del infierno, a la que se opuso enérgicamente. Finalmente catalogó como erradas las enseñanzas protestantes y se dedicó a formular la suya propia, que incluía la negación de la doctrina cardinal del cristianismo histórico, a saber, la deidad de Jesucristo. Por el 1872, cuando contaba solo con 20 años, comenzó a celebrar clases de estudio fuera de todo tipo de iglesias, haciendo énfasis en la cuestión profética, especialmente lo relativo a la Segunda Venida de Cristo. 

De alguna manera, Russell se puso a sacar cuentas y a hacer cálculos de numerología profética, y llegó a la conclusión de que Cristo establecería su reino milenial literal en el 1914, pero vendría 40 años antes, en forma espiritual, para hacer una obra preparatoria antes de la inauguración de ese reino. Llamó a ese periodo de 40 años entre las dos fechas “el Alba del Milenio”. En poco tiempo logró tener un grupo de seguidores, quienes lo llamaban “pastor’. 

En el 1879, y bajo su dirección, vio la luz el primer número de Zion’s Watchtower (Atalaya) and Herald of Christ’s Presence, con un tiraje de 6,000 ejemplares. El esfuerzo dio frutos, comenzaron a surgir otras congregaciones y, para el 1880, formaron una organización que obtuvo personalidad jurídica en el 1884, bajo el nombre de Zion’s Watchtower Tract Society, que más tarde fue cambiado por el de Watchtower Bible and Tract Society, hasta el día de hoy. El movimiento pronto empezó a adquirir carácter internacional. En el 1881, fueron enviados dos misioneros a Inglaterra, donde el movimiento fue organizado bajo el nombre de International Bible Student’s Association. Poco años después, para el 1888, de acuerdo al Watchtower de aquel año, se predicaba el ruselismo en los Estados Unidos, Inglaterra, China, India, Turquía y Haití. 

Russell escribía y viajaba mucho. Entre los años 1886 y 1904, escribió su Magnus Opus de seis tomos, Estudios de las Escrituras. En vida de su autor, el primer tomo de esta obra, El Plan Divino de las Edades, fue traducido a unos 30 idiomas, incluyendo el español. Cuando Russell murió en el 1916, se habían distribuido 15 millones de ejemplares. Se dice que Russell viajó más de un millón de millas, predicó 30 mil sermones y escribió 50 mil páginas. 

Russell fue altamente admirado por sus seguidores, quienes lo estimaban como un profeta inspirado de los últimos tiempos e intérprete por excelencia de las Escrituras. Sus libros llegaron a ser una segunda Biblia, o por lo menos la interpretación infalible de la misma. Lo consideraban “el más grande predicador de los tiempos modernos”, “el atalaya para toda la cristiandad”, “el séptimo ángel del Apocalipsis 10”, el “varón vestido de lino” de Ezequiel 9. También lo identificaban con el “siervo fiel y prudente” de Mateo 24:45. 

Pero Russell también tenía un lado oscuro. Amasó grandes cantidades de dinero, a veces por medio de métodos dudosos. Como el fin del siglo se acercaba, de acuerdo a sus enseñanzas, persuadía a las personas para que le entregaran sus bienes para la propagación del mensaje del reino. Anunciaba que tenía un trigo que producía cinco o seis veces más que el corriente, y lo vendía a sobre precio. También anunciaba la venta de “frijoles mileniales” y una semilla maravillosa de algodón. En el 1912, ofreció un remedio para la apendicitis que evitaría la intervención quirúrgica y, en el año siguiente, anuncio un medio de curar el cáncer, pero solo se vendería a los que estaban “en la verdad”. 

El año 1914, vino y pasó sin cumplirse su profecía de la Segunda Venida de Cristo para establecer su reino. Por el contrario, ese año estalló la primera guerra mundial. La dudosa conducta ética y moral de Russell, su divorcio contencioso y, sobre todo por el fracaso de la profecía, hicieron grave daño a su movimiento. Dos años después del gran fracaso, en el 1916, un 31 de octubre, muere Charles T. Russell, a bordo de un tren en que viajaba por el estado de Texas.[4]

La muerte del fundador y caudillo fue un duro golpe para la secta. Si logró sobrevivir y coger nuevo impulso, se debe al nombre de Joseph F. Rutherford. Rutherford nació en el 1869, en el estado de Missouri, de padres hacendados y bautistas. Estudió derecho y llegó a ser abogado con éxito. Fue juez por un tiempo y, de ahí, que se conociera como el juez Rutherford. En el 1894, empezó a conocer las doctrinas ruselistas y, en el 1906, se hizo seguidor de lleno. En el 1907, llegó a ser el abogado del movimiento. En el 1917, un año después de la muerte de Russell, fue elegido presidente de la Sociedad. Tomó las riendas de la organización cuando pasaba por una crisis grave. 

El milenio profetizado no vino. Había desaparecido la personalidad poderosa de Russell. Unos abandonaron la secta, otros se negaban a aceptar la dirección del nuevo presidente, y otros salían para formar grupos disidentes. Pero Rutherford era un hombre capaz de hacer frente a la situación. Inventó una explicación del fracaso de la profecía de Russell. Lo que hizo fue espiritualizar la profecía. Propagó con éxito que la profecía se cumplió y el reino milenial fue instaurado, pero no en la tierra, sino en el cielo. Reorganizó el movimiento tambaleante, inició métodos efectivos de publicidad, y así la secta paralizada se puso de pie y en marcha nuevamente y, en algunos años, avanzó rápidamente alcanzando éxitos aún mayores que bajo Russell. 

Ya para el año 1919, la crisis de la secta llegaba a su fin y se inauguraba una nueva época bajo el liderazgo del juez Rutherford, quien demostró sus dotes y capacidades de escritor, organizador y propagandista. En el 1920, publicó su primera obra literaria, Millones que ahora viven no morirán jamás. Fue un éxito total, dentro de ocho meses se habían distribuido dos millones y medio de ejemplares. Pero cometió el mismo error de su predecesor, el de fijar fechas para un acontecimiento. Predijo que, en el 1925, Abraham, Isaac, Jacob y otros, resucitarían físicamente para ser representantes del “nuevo orden” de cosas en el reino. Al no cumplirse la predicción, la secta volvió a recibir un duro golpe. Dejaron de publicar el libro y en poco tiempo superaron la crisis y siguieron su marcha hacia adelante. Su segundo libro en el 1921, El Arpa de Dios, tuvo un éxito mayor que el primero. Era una exposición detallada de teología en la segunda etapa de la secta, que representó un rompimiento con el ruselismo. Suplantó la obra principal de Russell, y tomó su lugar como la segunda Biblia de los “Testigos”. De ahí en adelante salió un caudal de libros y folletos de la pluma del juez Rutherford. 

Durante la presidencia de Rutherford, se iniciaron nuevos métodos de propaganda que harían que el movimiento creciera. En el 1922, se iniciaron sus conferencias por radio; en el 1924, empezaron a transmitir con su propia emisora; y ya en el 1934, se transmitían las conferencias de Rutherford en una cadena de 408 estaciones en seis continentes. Se inició la costumbre de celebrar convenciones internacionales, y en cada convención anual, en un lugar distinto, aumentaba la asistencia. Fue durante la época de Rutherford, que tuvo origen la campaña vigorosa de propaganda por los propios miembros. Se inauguró una intensa campaña de visitación de casa en casa, en la cual se animaba a todos a que participaran. Vendían libros y folletos, atacaban al gobierno, la religión y el comercio, y anunciaban el “reino teocrático”. Esta idea de Rutherford se convirtió en el puntal de una explosión de crecimiento, y es, prácticamente, la base de llevar su mensaje hasta nuestros días. 

Sin cumplirse las profecías de Rutherford sobre la batalla de Armagedón y el establecimiento del reino, murió el profeta de la segunda etapa de la secta, el 8 de octubre de 1942. Murió en una mansión lujosa que había construido en San Diego, California.[5]

Con la muerte del juez Rutherford llega a su fin también la segunda etapa del movimiento religioso y comienza la tercera. Con esta nueva etapa se inicia una forma distinta de dirigir los destinos de la secta. En las primeras dos, era un líder recio y profeta, con carácter de infalibilidad, el que dirigía; en la tercera, era un grupo de líderes, como una junta directiva, capaces de llevar a cabo la tarea de mover el movimiento hacia nuevos horizontes. A cinco días de la muerte de Rutherford, fue elegido como Presidente, Nathan H. Knorr, y como vicepresidente, Hayden C. Covington. Dentro de ese cuerpo directivo también estaban Fred Franz, unos de sus teólogos principales, Thomas Sullivan, superintendente de los “ministros” y Grant Suiter, secretario y tesorero. 

Nathan H. Knorr, nació en Pennsylvania en el 1905. Renunció como miembro de la Iglesia Reformada a la edad de 16 años y se afilió a la secta que, eventualmente, llevaría por nombre los Testigos de Jehová. Empezó a dedicar todo su tiempo a la predicación. Subió rápidamente la escalera jerárquica y, en el 1932, fue hecho director de la enorme empresa publicadora de Atalaya. En el 1940, fue nombrado vicepresidente de la corporación de Pennsylvania.[6] Tras la muerte de Rutherford, en el 1942, fue elegido presidente de las dos corporaciones de Norteamérica. Knorr fue un administrador muy efectivo, y el movimiento siguió su rumbo ascendente. Las obras de Russell y Rutherford dejaron de imprimirse, pero siguieron saliendo de la gigantesca publicadora de Brooklyn torrentes de libros y folletos, y en forma anónima. El libro más famoso de todos es Sea Dios veraz, el cual ocupó el lugar de Estudios de las Escrituras y El Arpa de Dios. Ha sido el libro de propaganda por excelencia y el manual doctrinal más usado, considerado como una segunda Biblia.[7]

LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ EN PUERTO RICO


La Semilla

A partir del 1898, después de la guerra hispanoamericana, la isla fue cedida a los Estados Unidos, y eso dio paso a una diversidad de grupos protestantes. Durante una gira por Latinoamérica a principios de la década de los treinta, Robert Montero visitó Puerto Rico para determinar qué se podría hacer a fin de compartir con otros el mensaje de valor incalculable de las buenas nuevas del Reino de Dios. En su informe a la sede central de la Sociedad Watch Tower en Nueva York, indicó que Puerto Rico era campo abonado para la obra de predicar, y recomendó a la Sociedad que enviase a la isla proclamadores del Reino de tiempo completo, es decir, precursores. 

Los primeros en responder a la invitación de servir aquí fueron el hermano Colin McLarty y su esposa, un matrimonio de poco más de setenta años. Llegaron en el invierno de 1932. Equipados con literatura bíblica que anunciaba el Reino de Dios, llamaron a la mansión del gobernador y a la jefatura de policía. Colocaron publicaciones con un juez del Tribunal de Distrito de los Estados Unidos. También dieron testimonio a maestros de escuela durante los períodos de descanso entre clases. Durante cuatro o cinco meses visitaron hogares privados y lugares de negocio. En 1935, Lillian Carr y Marie Hawkins, dos precursoras procedentes de Rochester, Nueva York, vinieron para compartir con los afectuosos puertorriqueños el mensaje del Reino, un mensaje dador de vida. Debido a que se encontraban en un ambiente nuevo, al principio trabajaban juntas, pero más tarde se concentraron en distintas zonas. En las ciudades de Aguadilla y Mayagüez, en la costa occidental, y en Ponce, en el sur, la hermana Carr se dedicó principalmente a colocar literatura bíblica con la gente, pues no podía mantener una conversación en español. No obstante, de esa manera se sembraron muchas “semillas” de la verdad del Reino durante los siguientes quince años. 

En el ínterin, la hermana Hawkins predicó durante diez años en San Juan y en otras ciudades al norte y al este de la isla. Al igual que la hermana Carr, ella solo tenía un conocimiento limitado del idioma español. Sin embargo, se esforzó por volver a visitar a quienes mostraron interés, y les condujo estudios bíblicos lo mejor que pudo. Bajo el ministerio de la hermana Hawkins, Ambrosio Rosa García y Santiago Rodríguez, y llegaron a ser los primeros testigos de Jehová nativos que se bautizaron en Puerto Rico. Esto ocurrió el 18 de enero de 1940. Más tarde se bautizaron otros miembros del grupo, y el 8 de junio de aquel año se organizó la compañía (o congregación) de Arecibo de los Testigos de Jehová. 

Mientras tanto, se estaba desarrollando otro grupo de siervos de Jehová en Santurce, una extensa zona de San Juan, la capital. Al predicar en aquella zona, Marie Hawkins había conducido un estudio con la señora Leonor Román, y ella también empezó a diseminar las buenas nuevas. Este pequeño grupo de Santurce llegó a ser una congregación en mayo de 1940. Tres años después se formó otra congregación en San Juan.

Llegan los refuerzos

Pronto amaneció una nueva era en Puerto Rico. Algunos de los primeros misioneros que se graduaron en la Escuela Bíblica de Galaad de la Watchtower, fueron asignados a Puerto Rico. En marzo de 1944, cuando el China Clipper aterrizó en el aeropuerto de Isla Grande, en San Juan, cuatro de esos misioneros estaban a bordo: Leo y Eunice Van Daalen, Emil (el hermano de Leo) y su primo Donald. En aquel tiempo había más de dos millones de personas en la isla; era evidente que se necesitaban más trabajadores. Con el transcurso de los años han servido aquí más de cien misioneros, y en algunos momentos ha llegado a haber hasta sesenta misioneros al mismo tiempo. Todos ellos han sido trabajadores dispuestos, deseosos de participar de cualquier manera posible a fin de esparcir el mensaje del Reino. Han ayudado a establecer la obra en la mayor parte de las ciudades principales y en muchas ciudades más pequeñas. Mientras tanto, en San Juan, la cantidad de Testigos empezó a crecer. Estaban progresando en la verdad algunos que verdaderamente demostraron ser hermanos fieles.

Primera asamblea

Las asambleas desempeñan un papel importante en la vida del pueblo de Jehová. En 1945, llegó el momento de celebrar la primera asamblea de adoradores del Dios verdadero en Puerto Rico. Se celebraría en las mismas fechas que las que se iban a celebrar en 300 ciudades por todos los Estados Unidos. En el viejo San Juan se consiguió un pequeño salón que servía de sede para un sindicato, cerca de la entrada a la Fortaleza (la mansión del gobernador). A pesar de su español tan limitado, todas las conferencias tuvieron que prepararlas los misioneros. Por supuesto, para las sesiones regulares hubo poca asistencia. 

El discurso público titulado: “Los mansos heredarán la Tierra”, se programó para el domingo a las tres de la tarde en el salón de actos de la Escuela de Medicina Tropicana, justo al lado este del Capitolio. Para dar publicidad a la conferencia se distribuyeron en las calles 10.000 invitaciones y se anunció por la radio y en los periódicos. También se colgó un gran cartel de tela de una acera a la otra en la avenida Ponce de León. Al comenzar la conferencia fue algo desalentador ver solo a unas 20 personas presentes, básicamente los hermanos. Pero para el final del programa, había 250 personas en el auditorio.

Visita de Nathan Knorr y F.W. Franz

En marzo de 1946, al mismo tiempo que llegaron más misioneros a Puerto Rico, llegaron también el presidente de la Sociedad Watch Tower, N. H. Knorr, y el entonces vicepresidente, F. W. Franz,[8] que se hallaban de gira por las islas del Caribe. 

Se organizó una asamblea de dos días en el Ateneo Puertorriqueño, a la entrada del viejo San Juan. La conferencia pública titulada “Regocijaos, oh naciones” fue presentada por el hermano Knorr, y el hermano F. W. Franz hizo de traductor. Para anunciar la conferencia se distribuyeron de casa en casa y por las calles de toda la ciudad 65.000 invitaciones. Asistieron personas de toda clase social. También estuvieron presentes hermanos de Arecibo. En total, la asistencia fue de 260 personas. 

Durante su visita, los hermanos Knorr y Franz se reunieron con los misioneros para bosquejar los planes para la expansión futura. Con el fin de permitir que los misioneros dedicaran toda su atención a la obra del Reino, se instituyó un hogar misional, es decir: la Sociedad proveería un hogar con el fin de suministrar alimento y alojamiento a los misioneros, la mayoría de los cuales había dejado atrás hogar y parientes para servir en una tierra extranjera. El hermano Knorr también anunció que el 1 de abril de 1946, se establecería en Puerto Rico una oficina sucursal de la Sociedad Watch Tower. La casa de dos pisos, que luego se obtuvo en la calle Lafayette 704, en Santurce, sirvió de centro para la actividad teocrática en Puerto Rico durante los siguientes veinte años.

El crecimiento continúa

1.      Un grupo de misioneros que llegaron a finales del año 1946, fueron asignados a Ponce, en la costa sur, por entonces la segunda ciudad más grande de Puerto Rico. El territorio era fructífero, y en menos de un año, se formó una congregación.
2.      Durante 1949, fueron asignados cuatro misioneros a Mayagüez, ciudad conocida como la Sultana del Oeste. En poco tiempo se empezaron a celebrar reuniones en la habitación delantera de la pequeña casa misional, y al año siguiente, se formó una congregación. La congregación de Mayagüez continuó creciendo.
3.      Para el año 1955 los misioneros fueron trasladados a otras asignaciones, y los publicadores locales extendieron su actividad de testificar a otros pueblos de la zona. Actualmente, hay ocho congregaciones en Mayagüez mismo, y muchas más en comunidades cercanas.
4.      Para 1950 la congregación de Ponce tenía unos setenta publicadores. Los misioneros habían trasladado el hogar misional y también el Salón del Reino a la tercera planta de un edificio en el centro de la ciudad.
5.      Una ciudad que no tenía un hogar misional era Jayuya, una pequeña comunidad en lo alto de las montañas, en el centro de la isla. No obstante, la verdad también llegó a este remoto lugar. ¿Cómo? Mediante Aurea Cortés, quien había aprendido la verdad en la República Dominicana. Al regresar a Jayuya, su ciudad natal, hizo todo lo posible por compartir la verdad de la Biblia con otros. Habló a sus amigos y parientes que vivían en el campo, no lejos del pueblo. Entre esas personas estuvo la numerosa familia Pierluissi. Los hijos fueron de los que más interés mostraron. Pronto se organizaron reuniones en el hogar y uno de los hijos, Joaquín, las conducía. Junto con su primo Ángel, Joaquín empezó a participar en el servicio del campo. Según los publicadores se iban trasladando a nuevas zonas, otros pueblos también recibían el testimonio. 
6.      Cuando los misioneros fueron asignados a Caguas en 1949, trabajaron diligentemente y pronto estuvieron celebrando reuniones en la habitación delantera de su hogar misional. Los misioneros siguieron trabajando en Caguas por muchos años, y con mucha paciencia la congregación empezó a crecer. Se formaron hasta 13 congregaciones en Caguas, y otras en pueblos vecinos.
7.      En Bayamón, al oeste de San Juan, pasaron varios años antes de que la expansión realmente se hiciera sentir. En Bayamón hubo 21 congregaciones y hay muchas más en las ciudades circunvecinas.
8.      En Guayama, la Ciudad de los Brujos, también ha tenido la oportunidad de oír el mensaje del Reino. Lentamente, la congregación de los Testigos de Jehová en Guayama empezó a crecer.
9.      La radio ha sido usada extensamente en Puerto Rico para predicar el mensaje del Reino. A menudo se transmitían discursos públicos presentados en asambleas para que toda la isla pudiera oír el mensaje de la Biblia si quería hacerlo. En una ocasión, hubo 16 estaciones de radio transmitiendo el mensaje del Reino. Esto ha ayudado a las personas, especialmente en las zonas rurales, a aprender la verdad. Cuando los Testigos empezaron a penetrar en las zonas aisladas, las personas eran receptivas al mensaje porque lo habían escuchado en la radio.
10.  En 1952, había 19 congregaciones en la isla y otras más tendrían que salir. 
11.  En 1964, informaron 60 congregaciones en Puerto Rico. Muchas de estas se formaron como resultado de la obra de los precursores especiales. Durante la década de los sesenta muchos puertorriqueños nativos, tanto hermanos como hermanas, emprendieron la obra de precursor especial. Por ser nativos, algunas comunidades los aceptaban mejor que a los misioneros. Estos precursores especiales fueron asignados a ciudades más pequeñas donde no se había asignado a ningún misionero, y en algunos casos reemplazaron a misioneros que fueron asignados a otro lugar. Por consiguiente, surgieron congregaciones en Isabela, Yauco, Arroyo, Ceiba, Dorado, Corozal, Naranjito y muchas otras ciudades.
12.  Al llegar el año 1966 reinaba un gran entusiasmo en Puerto Rico y las Islas Vírgenes. ¿Por qué? Porque Puerto Rico había sido escogido como lugar para una asamblea internacional de la serie que se celebraría en América Central y América del Sur, y que se presentaría en Puerto Rico en enero de 1967. Esta asamblea resultó ser la mayor hasta esa fecha en Puerto Rico. Tres mil visitantes vinieron de los Estados Unidos y unos cuantos de otros países del Caribe. El atenderlos a todos fue una gran tarea. Todo el programa se presentó tanto en inglés como en español. Fue la primera vez que hubo dramas bíblicos como parte del programa, y los mismos hermanos representaron los dramas para ambos grupos lingüísticos. Todo se desarrolló sin contratiempos durante los cinco días y fue causa de alegría alcanzar una asistencia combinada de 8.604 personas el último día. Habían venido de 19 países diferentes, incluyendo las islas.
13.  Debido a la rapidez con que crecían las congregaciones y se formaban otras nuevas, la necesidad de tener lugares de reunión adecuados iba constantemente en aumento. Al principio las congregaciones se reunían en hogares privados. Al crecer, se alquilaban salones. Algunos de ellos estaban en muy mala condición y se necesitaba mucho trabajo para dejarlos presentables. En Mayagüez se alquiló un gran salón que estaba sobre una tienda de zapatos de nombre La Gloria, de modo que su lugar de reunión llegó a ser conocido como Los altos de la Gloria.
14.  Con el tiempo las congregaciones empezaron a edificar sus propios Salones del Reino. Probablemente el primer salón de Puerto Rico edificado por los hermanos fue el de Saint Just, una congregación rural cerca de la ciudad de Carolina. Desde entonces, otras congregaciones han edificado sus propios salones o bien han transformado casas u otros edificios ya existentes convirtiéndolos en confortables y atractivos lugares de reunión.

La asamblea internacional del 1973

En 1973, se hizo un contrato para utilizar el Estadio Municipal Hiram Bithorn para una asamblea internacional de los Testigos de Jehová. La mayoría de los visitantes vinieron de los Estados Unidos en trece grandes aviones que habían sido fletados a la línea aérea Pan American. Otros vinieron de diversas islas del Caribe. Transportar a los hermanos desde el aeropuerto a sus hoteles y luego llevarlos y traerlos cada día desde su alojamiento hasta el lugar de asamblea fue una inmensa tarea. Además, se organizaron giras especiales para que los hermanos visitantes pudieran ver algunas de las cosas interesantes de San Juan y otros lugares de la isla. 

Según lo que se pudo determinar hubo más de siete mil visitantes. Además del programa normal, se celebraron sesiones especiales en inglés, en las que hermanos de los diversos países del Caribe que se hallaban representados, así como de Puerto Rico, ofrecieron información interesante para familiarizar a los hermanos visitantes con lo que se había hecho en sus respectivos países, a fin de dar adelanto a la predicación del Reino. 

A pesar de la fuerte lluvia que cayó el último día, esta resultó ser la mayor asamblea que jamás se había celebrado en Puerto Rico hasta aquel momento. El torrencial aguacero incluso dio mayor realismo al drama sobre los días de Noé. Aunque el aforo del estadio es de 15.000 personas, un total de 30.840 asistentes abarrotaron tanto el estadio como la zona utilizada para las sesiones en inglés. Más recientemente, en 1983, y sin siquiera tener grandes grupos internacionales de asambleístas, fue necesario utilizar tres estadios simultáneamente para acomodar a las muchedumbres que acudieron a estas reuniones del pueblo de Jehová. 

Las congregaciones experimentaron un crecimiento continuo. Los Salones del Reino se abarrotaban. Cada vez surgían más congregaciones nuevas. Se edificaban y dedicaban nuevos salones. En 1986 asistieron 57.328 personas a la Conmemoración de la Cena del Señor.[9]

CREENCIAS DE LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ

Su Biblia

Los Testigos de Jehová produjeron su propia versión de la Escrituras cristianas. Un comité de traducción integrado por un grupo de hombres anónimos, produjo, en inglés, la “Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras”, cuya edición resultó en la publicación de seis tomos. 

La Traducción del “Nuevo Mundo de las Escrituras Griegas Cristianas” apareció primero en inglés, en agosto de 1950. Después se presentaron, también en inglés, los diferentes volúmenes de la “Traducción del Nuevo Mundo” de las Escrituras hebreo-arameas”, o sea, el Antiguo Testamento, en cinco tomos sucesivos. El primer tomo en el 1953, el segundo en el 1955, el tercero en el 1957, el cuarto en el 1958 y el quinto en el 1960. 

Desde el inicio, era el interés del comité que los seis tomos se integraron en un solo libro, y así se hizo en el 1961. Así surgió la “Biblia Russellista”, la “New World Translation of the Holy Scriptures” en un solo tomo. En el 1967, apareció la primera versión española de dicha Biblia, en una primera edición de 500,000 ejemplares.[10]

Las bases proféticas

La espina dorsal de los Testigos de Jehová es un esquema escatológico, donde se integran varias profecías, tanto del fundador Russell, como del sucesor, el juez Rutherford. En el esquema teológico los temas más importantes tienen que ver con fechas precisas como 1799, 1874, 1878, 1914, 1918 y 1925, la “segunda venida o presencia” de Cristo, Armagedón, el reino y el nuevo mundo. Cuando las profecías de Russell fracasaron, el juez Rutherford se encargó de justificar el error afirmando que en verdad el reino se inició en el 1914, como se había profetizado, pero Jesus fue entronizado, no en la tierra, sino en los cielos. En dicho año llegaron a su fin “los tiempos de los gentiles”, terminando “legalmente el dominio gentil”. Según Rutherford y sus seguidores, estamos en la época introductoria o transitoria del reino de Cristo, quien ya desde el año 1914, reina en el cielo. Los “Testigos de Jehová” son los únicos súbditos auténticos del reino. Pronto veremos el estabelecimiento del pleno reino, con la destrucción total del orden político y religioso de este siglo. Esta destrucción tendrá lugar en la “batalla de Armagedón”, hacia la cual va precipitado el mundo. Después de esta batalla decisiva se iniciará la parte material del reino.[11] Pero solo 144,000 “ungidos” irán al cielo. Los demás “Testigos de Jehová”, que serán los únicos en salvarse, habitarán la tierra nueva. Esta es la base, lo primordial, y es lo que tienen que proclamar al mundo los miembros. Deben dedicar gran parte de su tiempo a la publicación o proclamación de las buenas nuevas del Reino de Jehová, vendiendo o regalando folletos y revistas, especialmente las clásicas Atalaya y Despertad. Este es, grosso modo, el esquema inicial. Ir al detalle está fuera del alcance de este trabajo.

Consecuencias

Como el gobierno humano es intrínsecamente malo, forma parte de la “organización de Satanás”, la cual se compone de tres elementos: el comercio, la política y la religión. Cristo ya inicio su reino en el mundo, los gobernantes terrenales no tienen derecho a seguir en el poder. Desde el 1914, quedaron destronados, habiéndoles reemplazado Jesús. Al continuar en sus puestos los gobernantes del mundo, son ahora impostores y enemigos del reino de Cristo. De ahí, que los “Testigos” se muestren tan hostiles a los gobiernos. Prestar ayuda a los gobiernos humanos, o darles adhesión o lealtad, equivale para ellos a ayudar al diablo.[12] De estos esquemas escatológicos y sus raíces proféticas es que se desprenden las prácticas y actitudes de los “Testigos”.[13]


1.      No votan en elecciones democráticas.
2.      Rehúsan ir a guerras, llevar armas o saludar la bandera.
3.      Se niegan a participar en la política del país donde viven.
4.      No prestan servicio militar, sino obediencia absoluta a la organización “teocrática”, es decir, a la corporación religiosa a la que pertenecen.
5.      Consideran a la Iglesia Católica como la “Gran Ramera”, y a los protestantes y evangélicos como los hijos de la misma.
6.      El mundo religioso, a parte de ellos, es “Babilonia, la grande”.


Algunas otras creencias


1.      Niegan la Trinidad. Es una mezcla entre arrianismo y unitarios.
2.      El Espíritu Santo no es deidad ni posee personalidad, es solo el poder invisible de Jehová.
3.      En cuanto a Jesús:
a.       Es un ser creado. Niegan la deidad de Cristo.
b.      Era solo un hombre perfecto.
c.       La obra de la cruz fue la de un mero hombre. Murió para rescatar a los descendientes de Adán de la muerte física.
d.      Niegan su resurrección corporal. La resurrección para ellos fue volver al estado de un ser espiritual. En ese estado fue declarado mayor que los ángeles.
e.       Enseñan que fue empalado en un madero de tormento, no clavado en una cruz.
4.      La Iglesia Cristiana organizada ha fallado, ha sido infiel y es apóstata.
5.      El ser humano no tiene un alma espiritual, sino que es un alma. El alma es la vida física, por consiguiente, no sobrevive al cuerpo.
6.      De aquí, que el hombre no tiene existencia a parte del cuerpo. Cuando muere deja de existir.
7.      El infierno no existe y el castigo eterno es solo aniquilación.  
8.      Prohíben las transfusiones de sangre.
9.      No celebran Navidad, la pascua ni otras fiestas tradicionales, tales como cumpleaños, ya que, para los Testigos de Jehová, los cumpleaños son celebraciones con origen pagano.

LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ EN PUERTO RICO HOY

En el mundo[14]

Hoy cuenta con:
1.      Más de 8 millones en todo el mundo.
2.      Sobre 240 países.
3.      Más de 115 mil congregaciones.

En Puerto Rico[15]

1.      23,632 evangelizadores o proclamadores.
2.      299 Congregaciones.
3.      Proporción de Testigos de Jehová por cantidad de habitantes: 1 por cada 155 (Promedio basado en una totalidad de habitantes de 3,659,000).

CONCLUSIÓN



A partir del 1898, en Puerto Rico se abren las puertas hacia la diversidad religiosa. Llegan sistemas religiosos de diferentes continentes, especialmente de Estados Unidos. Las iglesias protestantes, en todas sus variantes, sean independientes, en asociaciones o criollas, se diseminaron por toda la isla durante el siglo XX. 

Los grupos cristianos marginados no protestantes en Puerto Rico son: Iglesia de Cristo, Eclesias Cristodelfiano, Ministerio Internacional Creciendo en Gracia, Iglesia Mundial Luz del Mundo (México), los Mormones, la Congregación Mita, la Iglesia Pueblo de Amós, la Iglesia de Dios de Filadelfia, la Iglesia Unidad, la Voz de la Piedra Angular, Iglesia Universal del Reino de Dios (también conocida como Oración Fuerte al Espíritu Santo, fundada en Brasil en 1977 por el Obispo Edir Macedo y llegó a Puerto Rico en 1993), y los Testigos de Jehová, entre otras.[16]

Cada movimiento religioso, y los Testigos de Jehová no son la excepción, tiene un atractivo y una riqueza que ofrecer a sus adeptos. Los Testigos están sumamente organizados, con un programa agresivo de visitación que los caracteriza, y promueven una forma de práctica y vida espiritual que apela a muchas personas. El ser humano es un ser que está en una búsqueda continua de espiritualidad. La diversidad religiosa y de alternativas que abundan en nuestro suelo, están disponibles para satisfacer la necesidad interior del hombre. 

Los Testigos de Jehová encontraron su nicho en Puerto Rico.     


BIBLIOGRAFÍA

Danyans, Eugenio, Proceso a la Biblia de los Testigos de Jehová. Tarrasa, España: CLIE Literatura Evangélica, 1975.
Díaz, Edwin, ¿Testigos de Jehová o testigos del diablo? Tarrasa, España: CLIE Literatura Evangélica, 1974.
Fernández, Domingo, Los falsos testigos de Jehová. El Paso, TX: Casa Bautista de Publicaciones, 1983.
Girón, José, Los Testigos de Jehová y sus doctrinas. Miami, FL: Editorial Vida, 1981.
Guerra, Francois-Xavier, Modernidad e independencias: Ensayos sobre las revoluciones hispánicas. Madrid: Ediciones Encuentro, 2009.
Hidalgo Huerta, Manuel, España en Hispanoamérica. Madrid: Editorial Complutense, 1998.
Horton, David, gen. ed. The Portable Seminary: A Master’s Level Overview in One Volume. Grand Rapids, MI: Bethany House, 2006.
Lucena Giraldo, Manuel, Naciones de rebeldes. Madrid: Tauros. 2010.
Lynch, John, Las revoluciones hispanoamericanas 1808-1826. Madrid: Editorial Ariel, 1973.
Morales Padrón, F., Historia del descubrimiento y conquista de América. Madrid: Editora Nacional, 1981.
Nelson, W.M., Los Testigos de Jehová: quienes son y lo que creen. El Paso, Texas: Casa Bautista de Publicaciones, 1972.
Water, Mark, comp. Encyclopedia of World Religions Cults and the Occult. Chattanooga, TN: AMG Publishers, 2006.




[2] Sin menoscabar la presencia e importancia del judaísmo, el islam y las religiones orientales como el budismo, el hinduismo y el Sijismo.   
[5] W.M., Nelson, Los Testigos de Jehová: quienes son y lo que creen, 19-25.
[6] El movimiento estaba para esa fecha organizado bajo tres corporaciones: Nueva York, Pennsylvania y Gran Bretaña.
[7] W.M., Nelson, Los Testigos de Jehová, 25-28.
[8] Para ese entonces, había sustituido a Hayden C. Covington.
[9] Sección tomada literalmente, con algunas adaptaciones, de: https://wol.jw.org/es/wol/d/r4/lp-s/301987012#h=152.
[11] W.M., Nelson, Los Testigos de Jehová, 19-20.
[13] W.M., Nelson, 113-114.
[14] https://www.jw.org/es/testigos-de-jehov%C3%A1/por-todo-el-mundo/.
[15] https://www.jw.org/es/testigos-de-jehov%C3%A1/por-todo-el-mundo/PR/.

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