Mateo 8: 5-13/Lucas 7: 1-10/Q 7: 1,3,6-9
Luis Ángel Rivera Rosario, Ph. D. Candidate
El propósito de este trabajo no es entrar en diatribas o discursos acres y violentos, en argumentaciones filosóficas a favor o en contra, en lo que está bien o mal, en lo que es moral y no moral, sino entrar en algunas consideraciones bíblico-exegéticas que nos permitan comprender y entender si se justifican algunas interpretaciones con el fin de acomodarlas a corrientes sociales en nuestro acelerado y complicado mundo moderno. Nosotros somos resultado de varios factores: del lugar donde nacimos, de los padres (que no elegimos), del ambiente donde nos criamos y de la educación que recibimos. Lo anterior lo quiero delimitar a lo siguiente.
Luis Ángel Rivera Rosario, Ph. D. Candidate
Como hijos de esta tierra, fuimos criados con estigmas sociales. Hay tres que sobresalen: el machismo, el racismo y los sentimientos homofóbicos. El macho puertorriqueño es como el mexicano, “macho”, “macho”. Los factores que nos caracterizan se convierten en paradigmas que nos encapsulan como únicos, y las mujeres quedan relegadas y marginadas, así como si fueran seres inferiores, objetos de uso y desuso. También nos enseñaron a repeler al negro. El colmo de la hipocresía es que, siendo caribeños y de sangre africana, desdeñamos a los negros de nuestro patio, y del patio del otro lado. Y ni hablar de sentimientos homosexuales. Ni soñar que un macho puertorriqueño sea gay. Eso queda totalmente fuera de toda consideración. Una de las famosas canciones de crítica social de unos de los mejores cantautores de Latinoamérica, Rubén Blades, ilustra perfectamente las actitudes homofóbicas en nuestra sociedad. Se trata de un Juan del Pueblo, quien reboza de alegría porque nació su niño. Luego de hablar del futuro del niño en la vida, entra una línea, en la que le pide a Dios “que no me salga marica, que no me salga ladrón”.
Como teólogos, podemos entrar en un dialogo abierto, franco, comprensivo. La teología no puede ser monolítica. La teología es dinámica, abarcadora, inclusiva; no se detiene en el tiempo, va con los tiempos, es proactiva.
Como exégetas, vamos a las fuentes, a la raíz, al análisis. Somos extremadamente celosos con el texto porque, sencillamente, lo conocemos: su etimología, morfología, sintaxis, giros y expresiones idiomáticas. Le damos al teólogo la base, el fundamento para construir. El exégeta hace el plano; el teólogo desarrolla la obra. La forma final del trabajo depende de la capacidad, habilidad y recursos del teólogo. El teólogo puede ensanchar las estacas, ampliar el horizonte, porque la teología es inquieta, pregunta y especula. Ahora, cuando se interpreta una porción o una perícopa de las Escrituras, y se prende una bandera roja en la interpretación, ahí es que el exégeta entra en acción ejerciendo sus mejores oficios.
La perícopa que nos ocupa ha tenido cierta relevancia, porque ha habido una tendencia a interpretar la relación de centurión-criado como una relación homosexual. Una vez se plantea esa posibilidad, es de esperarse un énfasis o insistencia de algunos sectores de la sociedad. Entonces, conviene una evaluación exegética a los efectos de constatar si, ciertamente, el texto apoya esa interpretación. Por lo dicho hasta ahora, está meridianamente claro, que no vamos a hacer una evaluación teológica, mucho menos devocional. Iremos directamente al texto en busca de los términos que son pertinentes para una correcta interpretación del pasaje.
El texto está ausente en Marcos, pero presente en Mateo 8: 5-13 y Lucas 7: 1-10, por lo que es un texto Q. En el Evangelio de Dichos Q, sería Q 7: 1,3,6-9. El análisis del texto Q quedará fuera del panorama, porque no incide ni afecta nuestra línea de análisis. Además, es difícil establecer el texto Q original por la escasa concordancia entre Mateo y Lucas. La comparativa en doble columna, más las tablas, a continuación, nos servirán de guía para comprender este y otros detalles.
Mateo 8:5-13 (RVR1960)
Jesús sana al siervo de un centurión
5 Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole,
6 y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado.
7 Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré.
8 Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará.
9 Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace.
10 Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe.
11 Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos;
12 mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.
13 Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora.
Lucas 7:1-10 (RVR1960)
Jesús sana al siervo de un centurión
7 Después que hubo terminado todas sus palabras al pueblo que le oía, entró en Capernaum.
2 Y el siervo de un centurión, a quien éste quería mucho, estaba enfermo y a punto de morir.
3 Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese y sanase a su siervo.
4 Y ellos vinieron a Jesús y le rogaron con solicitud, diciéndole: Es digno de que le concedas esto;
5 porque ama a nuestra nación, y nos edificó una sinagoga.
6 Y Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo;
7 por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; pero dí la palabra, y mi siervo será sano.
8 Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: Vé, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace.
9 Al oír esto, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe.
10 Y al regresar a casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo.
Observemos primero las dos columnas que he preparado para iluminar nuestro entendimiento lo mejor posible, porque nos permite comparar y apreciar mejor cómo los autores Mateo y Lucas ajustan, a sus mejores intereses teológicos, el documento Q que utilizaron para sus narrativas.
La aportación particular del evangelista se encuentra en Mateo 8: 11,12; Lucas 7: 3-6ª, sea por alguna otra tradición disponible o creación propia. Estas porciones no pertenecen al original Q. Las secciones que comparten los autores, del Documento Q, se hallan en Mateo 8: 8-10 y Lucas 7: 6-9; y las palabras subrayadas representan la mejor concordancia en vocabulario.
En la versión Mateana, se permite el contacto entre Jesús y el centurión, un gentil y oficial romano. En la Lucana, se evita el contacto con el oficial gentil introduciendo el envío de dos comisiones, una de ancianos y otra de unos amigos.
El escenario es en Capernaum; los protagonistas: Jesús y el centurión romano. La situación: un joven, al servicio del soldado, está enfermo. Mateo dice que está postrado, sin poder levantarse, y en condición grave. Lucas coloca su gravedad como a punto de morir. El centurión está sumamente conmovido por la condición del joven y aborda a Jesús, con un grado de urgencia, para que sane al muchacho. El centurión debió recibir información de las actividades de sanación y exorcismos de Jesús. Jesús accede y se apresta a ir con el centurión, pero éste le dice, siguiendo la versión de mateana, que él no está a la altura del maestro para que entre a su casa. Y, en una expresión sorpresiva, el centurión, oficial romano y gentil, tiene la fe de que, con solo Jesús reclamar la sanidad, será hecha. Entrando al terreno teológico del autor, el asombro de Jesús y el pronunciar que ni aun en Israel había hallado tanta fe, obviamente, expresa la intención teológica de la incredulidad de Israel.
Ahora a la exégesis. En la tabla comparativa podrán ver los términos esenciales que definen la correcta interpretación de la perícopa.
En primer lugar, Mateo y Lucas usan palabras distintas para referirse al joven del centurión. Mientras Mateo usa el término παῖς (país) tres veces (6,8,13), Lucas tiene δοῦλος (doulos) cuatro veces (2,3,7,10). En Mateo el énfasis está en la condición física; en Lucas, en la condición social. ¿Qué significa παῖς (país)?
En la narrativa de Mateo, partiendo desde su etimología, significa “niño”, pero no se refiere a infante, sino que cubre lo que podríamos decir un “muchacho” o “joven”. En la antigua versión Reina-Valera, sería un “mancebo”. En nuestra época, lo llamaríamos un “pre adolescente” y “adolescente”. Debido a las prácticas sociales griegas y grecorromanas, la palabra también llegó a significar “siervo” o “esclavo”. Por eso, de las 24 que aparece en el NT[1], unas siete veces tiene el sentido de siervo o esclavo. Si es el tipo de esclavo que trabaja en tareas en el hogar del señor, como aparenta ser este el caso, sería lo que llamaríamos un “criado”. Como pueden ver en la tabla, la mayoría de las versiones traduce como “criado”, pero la Biblia de las Américas, la Nueva Biblia Latinoamericana de Hoy y la Nueva Biblia al Día, traducen en nota al margen: “muchacho”. La Biblia La Palabra (Hispanoamérica) traduce “asistente” en todas las ocurrencias. Mateo hace un giro en el versículo 9, y usa la palabra δοῦλος (doulos). La forma en que se da la expresión del centurión (καὶ τῷ δούλῳ μου ‘y digo a mi esclavo’), indica que hace alusión al παῖς (país) del versículo 6.
Es claro que, para Mateo, παῖς (país) y δοῦλος (doulos) son equivalentes. Hacen referencia a lo mismo, a un esclavo joven trabajando en la propiedad o vivienda del centurión, cosa común en el mundo antiguo. La palabra παῖς (país), etimológica y semánticamente, nada tiene ver con homosexualismo, y en el contexto de la narrativa de Mateo no hay nada que dirija hacia ese tema. Que, en el uso de la palabra, un παῖς (país) o muchacho, pueda ser un gay, por voluntad o por sometimiento, pues obviamente sí, pero eso no prueba absolutamente nada. Como también un παῖς (país) puede referirse a un muchacho de extrema pobreza o que nació en la condición de esclavo, como puede ser uno de familia élite, cuya familia cayó en desgracia por acciones bélicas. La famosa palabra teológica “kenosis”, que se origina en el himno pre paulino de Filipenses 2: 7 (ἐκένωσεν), y que significa “vaciamiento”, en relación a Cristo en la encarnación, tiene diversos usos en el griego clásico. Uno de ellos es para referirse al vaciamiento por defecación, se humana o animal. Está de más decir que sería ridículo hacer alguna relación de este uso con nuestro pasaje. De manera que, aquí, por el uso de la palabra no se puede determinar nada. Entonces, en la narrativa Mateana, estamos hablando de un joven, en condición de esclavo, ubicado en labores correspondientes en la propiedad del dueño.
En la narrativa de Lucas, el autor no usó παῖς (país), sino que prefirió usar δοῦλος (doulos), el término normal para hablar de un esclavo. La mayoría de las versiones traducen como “siervo”, dos de ellas tienen al margen: “muchacho”.[2] Lucas hace a la inversa de Mateo. Mateo usa παῖς (país) tres veces y en las palabras del centurión sobre su autoridad (v. 9) usa δοῦλος (doulos). Lucas usa δοῦλος (doulos) tres veces y en las palabras del centurión (v. 7) usa παῖς (país). Obviamente los términos se usan intercambiablemente, como dijimos más arriba.
La narrativa de Lucas es la que ha saltado a la fama, porque es donde se encuentra la expresión de apreciación o de sentimiento, que se ha traducido de diversas maneras. Si observa la tabla, verá cómo se diversifica el significado. Aun la Reina-Valera no es uniforme en su traducción. Tenemos al menos 5 traducciones:
- “amaba mucho” …………………………………...1 vez……………RVC.
- “quería mucho” …………………………………...2 veces………….RVR (60), RVR (95).
- “apreciaba mucho” ………………………………..3 veces………….RVR (77), LBLA, NBLH.
- “estimaba mucho” ………………………………...3 veces………….NVI, BLPH, NBD.
- “tenía en mucha estima”………………………......1 vez………….....RVA (2015).
Bueno, tenemos a la vista varios grados de apreciación. ¿Cuál de estas traducciones es la correcta? O, ¿Cuál representa el mejor sentido del término original? Ciertamente, la Reina Valera Contemporánea se aleja demasiado. La expresión “amaba mucho” es más bien una interpretación, no una traducción adecuada. Las expresiones “quería mucho” y “apreciaba mucho”, unos grados menores de la primera, tampoco representa el sentido preciso del término original. Las dos últimas expresiones, “estimaba mucho” y “tenía en mucha estima”, se acomodan mucho mejor al significado. En esta narrativa no se usa ninguna palabra que signifique amor, de las que hay varias en el NT. La palabra original en el texto griego es ἔντιμος (entimos), y aparece solo cinco veces en el NT.[3] Es una palabra compuesta de la preposición ἔν (en) y τιμή (time). Aquí la preposición como elemento compositivo intensifica, y el sustantivo significa “precio”, “honor”. Así, la palabra ἔντιμος (entimos) significa “mantener en honor”, en un estado o condición de respeto personal, en un rango de distinción.[4] Es tener en alta estima y valor por las cualidades de alguien; considerar valioso y querido. Este es el verdadero sentido del término, no tiene nada que ver con amor entre parejas.
En el versículo 5, Lucas usó una de las más exquisitas palabras del NT, que significan y expresan el amor: ἀγαπάω (agapao). En la narrativa lucana, cuando el centurión supo que Jesús estaba en Capernaum, envió unos ancianos para pedirle que sanara al esclavo. Los ancianos hablaron con Jesús, y una de las razones que dieron para que aceptara la solicitud, fue el hecho de que el centurión “ama (ἀγαπάω) a nuestra nación…”. Lucas pudo haber usado esta, o alguna otra palabra, si la relación dueño-esclavo hubiera sido una de amor de pareja. Pero ese no fue el caso. Lucas deja meridianamente claro, que el muchacho era un esclavo que trabajaba en la propiedad del centurión romano, y que el soldado lo tenía en alta estima.
Para finiquitar el asunto bajo consideración, debemos señalar otra palabra que se ha entendido mal. Es el adjetivo ἱκανός (ikanos), que aparece en labios del centurión, en la expresión “Señor no soy digno (ikanos) de que entres bajo mi techo”.[5] Originalmente significaba “llegar a”, “alcanzar”, “lograr”; de aquí, pasó a significar “suficiente”, “adecuado”, “competente”.[6] En términos numéricos o cantidad se traduce a menudo como “muchos”; en términos de habilidad, lleva el sentido de “capaz”. En el NT aparece 40 veces,[7] de las cuales se traduce 23 como “mucho (s) en la RVR (60)”. Así que, en esta perícopa, no se está planteando una indignidad moral, en el sentido de que el centurión se considera a sí mismo como un miserable pecador que no puede permitir la entrada a su casa de un santo, el Cristo, Hijo de Dios. Más bien, lo que el centurión está diciendo es que él, como soldado romano, centurión, quizás con las manos manchadas en sangre, y gentil, con poca o ninguna religiosidad, no se encuentra a la altura de recibir a un judío piadoso con fama de sanador y exorcista, y respaldado por Dios o los dioses (desde la perspectiva de un romano). No lo considera apropiado ni se siente competente frente a Jesús.
Lo que esta exégesis nos deja demostrado es que es ridículo y exagerado sacar conclusiones, prima facie. Hay quienes, en su afán por justificar costumbres, prácticas, tendencias e inclinaciones, buscarán donde anclarse para sostenerse. Creo que la psicología moderna, la sociología, y ramas anexas, son mejores puntos de anclaje para estos sectores. Nuestros modernos sistemas de convivencia, la política, las leyes y la justicia, en pro de nuestras libertades, han ensanchado las estacas de la comprensión y de la apertura, para una mejor convivencia social. Lo que yo no puedo aceptar, como un intérprete de las Escrituras cristianas, es que se use la Biblia incorrectamente, con la sola intención de justificar una conducta.
[1] Solo en los Sinópticos y Hechos. Cf. Hugo M. Petter, LA nueva concordancia greco-española del Nuevo Testamento (El Paso, TX: Casa Bautista de Publicaciones, 1976), 421-422.
[2] Consulte la tabla de Lucas.
[3] Cf. Hugo M. Petter, La nueva concordancia greco-española del Nuevo Testamento, 194.
[4] Cf. William F. Arndt y F. Wilbur Gingrich, A Greek-English Lexicon of the New Testament (Chicago: The University of Chicago Press, 1957), 268. Cf. W.E. Vine, An Expository Dictionary of New Testament Words (Old Tappan, NJ: Fleming H. Revell Company, 1966), 275.
[5] Mateo 8: 8; Lucas 7: 6.
[6] Cf. E.W. Bullinger, A Critical Lexicon and Concordance (Grand Rapids, MI: Zondervan Publishing House, 1978), 251.
[7] Hugo M. Petter, 279.
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