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MANSEDUMBRE

Cavando hondo para sacar su belleza


Luis Ángel Rivera Rosario, Ph. D. 
                       
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Podríamos pensar que tanto el sustantivo mansedumbre como el adjetivo manso, son palabras arcaicas, pasadas de moda, sin pertinencia para el siglo 21. Y, aunque puedan parecer un tanto extrañas en nuestro vocabulario cotidiano, en realidad son comunes en las Escrituras y en círculos donde se exaltan valores, virtudes. Generalmente, la palabra “manso” no la aplicamos a los seres humanos, sino más bien a la fauna. No hablamos de tal persona como mansa, pero sí decimos que un animal es manso.
Mansedumbre viene del latín “mansuetudo,” y manso proviene de “mansus,” y significa de condición suave y apacible. Se usan también de cosas insensibles como “agua mansa”, “corriente mansa”, refiriéndose al agua que corre apacible, sosegada y tranquilamente.
En el Nuevo Testamento, “mansedumbre” aparece trece (13) veces, de las cuales, once (11) son la traducción de la palabra griega “prautes”. “Manso” ocurre en cuatro (4) instancias, siendo en tres de ellas la traducción de “praus”.   Ejemplos de estos usos son bien conocidos. “Bienaventurados los mansos …..”, Mat. 5:5; “Aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón”, Mat. 11:29; es un fruto del Espíritu, Gal. 5:22,23; es característica del cristiano, Col. 3:12; Tit. 3:2; Sant. 3:13.
Ahora, para apreciar en toda su amplitud el significado de estas palabras tenemos que estudiarlas en el texto original. Recordemos que el Nuevo Testamento fue escrito en griego koiné o común. Cuando los autores bíblicos usaron “prautes” y “praus”, ya estos términos habían recorrido una larga historia desde el griego clásico. Debemos apuntalar, además, que una traducción no siempre manifiesta la riqueza de las palabras originales. En otras palabras, detrás del texto que está ante sus ojos, se esconde un tesoro de significado y de vivas metáforas que el autor inspirado bien pudo tener en mente. Para descubrir este tesoro y de esta manera iluminar los pasajes de la Biblia, vamos a estudiar “prautes”(mansedumbre) y “praus”(manso), desde tres ángulos distintos. Primero, el griego clásico; luego, la Septuaginta o Antiguo Testamento y, por último, el griego koiné y el N. T.

 Griego Clásico
En el griego clásico, praus y prautes, no representan una actitud floja, débil, flemática. Por el contrario, se aplica a oficiales, reyes y otros personajes de autoridad, quienes aún cuando tienen el poder para dominar, maltratar y aplastar, mantienen un trato justo y afable. Es lo opuesto a la ira, la furia, la violencia, a los arranques de temperamento. Por tanto, representan el balance, el justo medio entre opuestos, la actitud correcta. Y esto nos lleva a la genialidad de la palabra.
Además de significar suave con respecto a las cosas, y grato, afable con respecto a las personas, praus tenía una aplicación especial que nos da la clave de nuestro argumento. Se usaba con respecto a los animales que han sido domados, domesticados. Así, por ejemplo, un caballo que antes vivía en estado de salvajismo, ahora es obediente a las riendas; ahora es praus, manso. Es importante que notemos que, así como los reyes no dejaban de ser poderosos al mostrar esta cualidad o virtud, así tampoco un caballo pierde su fuerza destructora después de haber sido domado. Lo que sucede es que aprendió a obedecer, a seguir instrucciones, a mantenerse bajo control.

Antiguo Testamento
Praus, es el término que generalmente se usa para traducir la palabra hebrea “Anaw”. En el Antiguo Testamento, estas palabras están enmarcadas en una actitud de total obediencia a Dios. El hombre anaw, praus, manso, vive centralizado en Dios; depende de Dios; Todo lo hace por Dios; es el hombre que entrega su vida al Creador; es el hombre cuya lámpara, sendero, esperanza, roca, fortaleza, amparo y vida es Dios; es el hombre guiado por Dios en todo lo que dice y hace; vive en total obediencia hacia su Hacedor; es el hombre cuyo norte es la Gloria de Dios.
Aún así, dentro de este contexto hay un detalle interesante y es el hecho de  que en Num.12: 3, dice que Moisés era el hombre más manso que había sobre la tierra. Sin embargo, conocemos del carácter explosivo que manifestó Moisés en algunas ocasiones.

Nuevo Testamento
Aunque no tenemos espacio para analizar todas las ocurrencias de estos términos en el N .T., miremos de cerca algunas porciones importantes. En los Evangelios, especialmente el de Mateo, el adjetivo “manso” se aplica dos veces a Jesús (MT. 11: 29; 21:5). Es de todos conocida la célebre frase de que “soy manso y humilde de corazón” (MT. 11: 29). Pero no confundamos esta cualidad con aquella de ser pusilánimes, flojos, débiles. No retrata la imagen de acostarte para que otros te pasen por encima. Este mismo Jesús que se describe como manso, es el mismo que echó a los mercaderes del Templo de Jerusalén; es el mismo que levantaba su voz y reclamaba justicia; es el mismo que se indignaba por la hipocresía y la falsedad de los dirigentes de Israel. Retrata la imagen de un hombre auto-disciplinado, bajo control y dirigido por el Espíritu de Dios. Jesús es el paradigma de lo que significa ser manso. Así, los que lo imitan son llamados bienaventurados (MT. 5:5).
En el pensamiento paulino, el sustantivo “mansedumbre”, juega un papel importante en la vida cristiana. El pasaje más relevante de Pablo es GAL. 5:23.  Aquí, la mansedumbre es parte del fruto del Espíritu ( o karpos tou pneumatos).  Esta frase griega es un genitivo, el cuál es tanto objetivo como subjetivo. O sea, es el fruto que pertenece al Espíritu y que el Espíritu imparte al creyente. En esta hermosa metáfora, Pablo nos compara con árboles llenos de frutos. Estamos plantados en el fundamento de la Palabra de Dios y crecemos por la savia del Espíritu. Es el Espíritu el que produce en nosotros estas cualidades maravillosas de amor, gozo, paz, bondad….”mansedumbre”. Recordemos que mansedumbre es fuerza bajo control. El hombre no puede por sí solo ejercer completo autodominio sobre su persona. Cuando rendimos nuestra voluntad a Dios, es el Espíritu el que toma las riendas de nuestras vidas y nos dirige.
Los demás pasajes donde se usa la palabra mansedumbre nos ilustran verdades en relación a la vida cristiana.
1. La mansedumbre debe jugar una parte esencial en las  relaciones de  nuestra comunidad de fe (Efe. 4:2; Col.3:12; Stgo. 1:321; 3:13).
2. Es importante en las relaciones del trato con los demás (2 Ti. 2:25; Tit. 3:2).
3. Es importante para corregir (GAL. 6:1).
4. Es importante para defender nuestra fe (2 Ti. 2:25; 1 Ped. 3:15).

Conclusión
En este breve recorrido bíblico y lingüístico de los términos manso y mansedumbre, podemos extraer sendas verdades espirituales para una vida cristiana victoriosa y un peregrinaje exitoso. Desde el uso secular de las palabras en el griego clásico y helenístico, pasando por el A .T. y llegando al Nuevo, podemos conocer lo que verdaderamente representa para nosotros ser mansos y poseer la cualidad de mansedumbre.
En el uso secular de las palabras podemos aprender que:
1. Nuestro carácter debe ser suave, apacible, agradable. Debe ser como el agua que corre sosegada y tranquilamente. Sin turbulencias, sin correntías que se llevan todo a su paso. El hombre manso suaviza, cura y refresca con sus palabras y acciones.
2. Representan balance. William Barclay, nos reporta que Aristóteles decía que la virtud era el término medio entre dos extremos. Por un lado, la actitud flemática, por el otro, la actitud iracunda, de excesiva ira. El justo medio era praotes, mansedumbre. Es el balance, ecuanimidad, compostura. El hombre praus, manso, según Barclay, es el que no se aíra a destiempo. Por lo tanto, sabe cuándo airarse en una forma justa y razonable.
3. Representan fuerza bajo control. El hombre manso, como el equino que ha sido domado, aprende a obedecer, a seguir instrucciones, sabe refrenar sus impulsos naturales porque reconoce al Jinete celestial que lleva las riendas de su vida y lo dirige.
En el uso de las palabras en el A .T., podemos aprender que:
1. El hombre manso reconoce a Dios como su creador, como su todo. Vive en total obediencia y entrega a Dios. Toda su vida está amarrada a la voluntad de Dios. El hombre del A .T. es teocéntrico. Este pudiera ser el trasfondo para comprender aquellos pasajes del N .T., como MT. 5:5 “ Bienaventurados los mansos…..”; y MT. 11:29 “ Soy manso y humilde de corazón”.
En el uso de las palabras en el N . T., podemos aprender que:
1. En el N.T., ya hay un desarrollo teológico de las palabras, especialmente en el pensamiento paulino. El apóstol Pablo, en sus cartas, nos lleva en una nueva dimensión, nos ilumina, nos revela e inspira para que seamos una iglesia fuerte. Hombres y mujeres con una plenitud de realidades espirituales a los efectos de vivir en victoria.
2. De acuerdo al pasaje principal en Gálatas, el hombre no puede, por sus propios medios, tener autocontrol o autodominio de su vida. El hombre sólo se autodestruye. La mansedumbre es un fruto del Espíritu. Por consiguiente, en la medida que nos rindamos a Dios, en la medida en que permitamos al Espíritu Santo regir, gobernar y dirigir nuestras vidas, en esa medida tendremos vidas controladas, triunfantes y victoriosas.
3. Esto sentará las bases para un relación saludable con nuestros hermanos en la comunidad de fe, exhortarnos, alentarnos y corregirnos unos a otros y defender los principios del depósito de la fe que nos conforma.


Bibliografía
  1. Arnt, William F., Gingrich, F. Wilbur. A Greek-English Lexicon of the New Testament. Chicago: The University of Chicago Press, 1957.
  2. Bullinger, E.W. A Critical Lexicon and Concordance. Grand Rapids: Zondervan Publishing House, 1978.
  3. Lacueva, Francisco. Nuevo Testamento interlineal griego-español. Terrassa: CLIE, 1984.
  4. Petter, Hugo M. La nueva concordancia greco-española del Nuevo Testamento. El Paso: Editorial Mundo Hispano, 1976.
  5. Thayer, J.H. Greek-English Lexicon of the New Testament. Edinburgh: T & T Clark, 1961.

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