Análisis de Gálatas 6,1
Luis Ángel Rivera Rosario, Ph. D.
Como el título indica, somos ortopedas. No necesitamos asistir a una escuela de medicina para ser especialistas en cirugía ortopédica. En el marco eclesial, pastores, maestros, consejeros, ancianos y otros líderes, han sido partícipes de esta hermosa práctica.
Los idiomas son ricos en metáforas y nuestro vernáculo es exquisito. El problema es que no nos damos cuenta. Nacimos y nos criamos con el español, estudiamos con él, y es nuestro medio de comunicación diaria. Estamos, obviamente, tan inmersos en nuestro propio lenguaje que no nos detenemos a pensar en sus bellas metáforas. Las palabras tienen por lo regular un significado literal y uno o varios significados figurativos. En ese lenguaje figurado se esconden hermosas metáforas que pasan desapercibidas. Sin embargo, cuando estudiamos otro idioma, especialmente uno antiguo, valoramos su uso figurativo, le damos vida al lenguaje y sustraemos sus enseñanzas, y las aplicamos a nuestro contexto vivencial.
Eso es lo que descubrimos en el lenguaje rico de Pablo. Pablo conocía y dominaba el griego koiné, el griego de la gente, de la calle, de los mercados, de los negocios, tanto domésticos como internacionales. Un idioma exquisito, sencillo y complejo, de matices y detalles, y Pablo lo supo usar muy bien, y en ese idioma escribió sus cartas.
Este material es vía síntesis, ya que no es un comentario, sino un artículo, pero brinda un caudal de ideas para predicaciones expositivas.
En Gálatas 6,1, tenemos una excelente oportunidad de ilustrar la belleza del lenguaje en que se escribió el Nuevo Testamento. Gálatas es una carta fuertísima donde Pablo se defiende de acusadores y ataca con un lenguaje rudo que se esconde en las traducciones. Pero no nos detendremos aquí, así que, evaluaremos nuestro texto base, que se encuentra en la ya acostumbrada sección parenética del apóstol (capítulos 5, 6 ). Para poder extraer las metáforas en el lenguaje del apóstol tenemos que, necesariamente, ir al texto original.
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Biblia de Jerusalén
6,1: “Hermanos, aún cuando alguno incurra en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado”.
Reina-Valera Revisada (RVR1960)
6,1: “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado”.
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Analizaremos seis palabras sobresalientes que en el texto griego tienen mucho que aportar, y luego redondearemos el versículo completo para obtener finalmente su enseñanza.
Pablo comienza esta sección exhortativa apelando al vinculo que nos une, que somos hermanos, somos miembros de la misma familia, de la familia de Dios. La palabra ἀδελφός (adelphós), de ἀ (a) = “mismo”, y δελφύς (delphús) = “vientre”, significa literalmente “del mismo vientre”. Aquí hay una metáfora hermosa que nos dice que somos hermanos porque venimos del mismo vientre, del vientre de Dios. Luego hay un aspecto femenino en esta concepción y juega muy bien con lo que dice Santiago 1,18: “El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas”, donde “nos hizo nacer” corresponde con el verbo ἀποκυέω (apokueó), que en su forma de aoristo activo significa literalmente “parió”. Entonces lo que dice es que Dios, en su soberana voluntad, nos dio a luz, nos parió. Ya con esta manera de introducción Pablo nos mueve en una atmósfera de hermandad, de amor sanador y restaurador.
Las traducciones gustan de usar adjetivos como “alguno” o pronombres indefinidos como “alguien”, pero el griego dice ἄνθρωπος (ánthropos) = “hombre”. Y, aunque se pueden usar pronombres y adjetivos como equivalentes, mi opinión es que esconden un matiz interesante. Creo que Pablo hace un contraste. El texto habla de un traspié e inicia con “hermanos”, lo cual apela a una vida espiritual, y a esos mismos hermanos les dice “los espirituales”. Luego usa “hombre” que apela al ser humano en su estado natural, con todas sus debilidades y flaquezas. Así la antítesis es Hermanos – los espirituales, hombre – desliz.
“ser sorprendido” es la mejor traducción posible. La traducción de la Biblia de Jerusalén, aunque se puede usar, no representa el sentido exacto del original. La palabra griega προλαμβάνω (prolambáno) significa “tomar por sorpresa”, “someter antes que uno pueda escapar”. Está en modo subjuntivo, lo que indica la posibilidad real del hecho. Hay dos formas en que puede entenderse el “ser sorprendido”. Puede referirse a ser sorprendido por otros en el hecho o que él mismo es sorprendido al cometer el acto.
Las biblias castellanas usualmente traducen “falta”, otras, “pecado” y “transgresión”. La Reina-Valera Actualizada (2015), se aleja del sentido correcto al traducir “enredado en alguna transgresión”. El término griego es παράπτωμα (paráptoma), y se refiere a los resultados de moverse a un lado y caerse, así “un falso paso”, “un traspiés”, “un resbalón”. En los papiros significa “un resbalón” o “falla”, no se refiere a un pecado deliberado. Yo lo traduzco como “un desliz”.
Pablo apela a los hermanos, a esa comunidad de hijos de Dios y que viven una vida espiritual, para que tomen acción por alguno de sus miembros que, por la debilidad que representa este vestido viejo que aun llevamos, haya tenido un tropiezo en un momento dado. ¿Cómo? Restaurándolo.
Pablo usa una palabra con unas metáforas interesantes. La palabra que se traduce “restaurar” es el verbo καταρτίζω (katartízo). Esta palabra se registra en el griego clásico desde Heródoto, hasta el koiné contemporáneo con el Nuevo Testamento. Significa “preparar o perfeccionar una cosa para su destino completo o uso apropiado”. Se usaba, por ejemplo, del sostenimiento de personas que habían sido sometidas, de mezclas de medicinas, de un navegante equipando su bote, de políticos apaciguando facciones y restaurando la unidad. Pero además tenía dos usos que son bien llamativos. Se refería a pescadores limpiando, reparando y plegando sus redes (Mateo 4,21; Marcos 1,19), y especialmente, se usaba como término médico quirúrgico para referirse a la reparación de algún miembro del cuerpo, reparar un hueso dislocado, una coyuntura, etc., de manera que pueda ser útil nuevamente.
Finalmente Pablo exhorta a que tengamos empatía con nuestros hermanos y que sanemos con mansedumbre, gentileza y amabilidad, y que lo hagamos prestando mucha atención a nosotros mismos porque, como seres humanos, también podemos estar en la misma situación. El apóstol usa la palabra σκοπέω (skopéo), que significa, no una simple mirada, sino “observar”, “considerar”, “prestar atención”. Se refiere a fijar la atención sobre algo con un interés en eso. El verbo en tiempo presente indica acción continua, por lo que la idea es a estar siempre vigilantes.
Recapitulando, en esencia el apóstol Pablo nos dice lo que yo les transmito teológicamente sobre la base de este análisis. Nosotros, en virtud del efecto de la cruz, constituimos una hermandad, una comunidad de creyentes. Somos hermanos por quienes corre la misma sangre y el mismo ADN divino, porque fuimos paridos por Dios y, por lo tanto, somos hijos de nuestro Padre celestial. Vivimos una vida espiritual y agradable a Dios pero, como seres humanos, también pervive una continua proclividad hacia el mal, que irremediablemente nos hará resbalar y tropezar en el camino. Cuando eso suceda, los hermanos que viven una vida espiritual saludable, están llamados a una acción de amor. Cuando el paciente se nos enferma, se disloca una coyuntura, o se quiebra un brazo o una pierna, los creyentes han de actuar como cirujanos ortopedas y componer, arreglar, ajustar, poner en orden o restaurar, el miembro enfermo o herido para que el hermano pueda cumplir su misión, seguir su camino y vivir una vida en armonía con el evangelio. Esa función de ortopedas se realiza en amor, con los frutos que produce el Espíritu y con empatía, porque no estamos exentos de dar el mismo resbalón y, créame mi hermano, que resbalará y caerá muchas veces, pero los ortopedas vendrán en su auxilio.
Bibliografía
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Lacueva, Francisco. Nuevo Testamento Interlineal Griego – Español. Terrassa: Libros CLIE, 1984.
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Robertson, A.T. Word Pictures in the New Testament. vol.iv. Nashville: Broadman Press, 1931.
Roger, Jr., Cleon L. y Roger III, Cleon L. The New Linguistic and Exegetical Key to the Greek New Tesament. Grand Rapids: Zondervan Publishing House, 1998.
West, Kenneth S. West’s Word Studies. vol.1. Grand Rapids: Eerdmans Publishing Company, 1981.
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